La integración perfecta
Hacía mucho tiempo que Linarejos no censuraba un cambio con tanta vehemencia. Fue en el minuto 75 del partido ante el Melilla. Torres decidió sustituir a Rodri por Juanfran para reforzar la vanguardia. La afición reprobó la determinación con una sonora pitada. Hasta ese instante, el iliturgitano estaba siendo el mejor de los veintidós. Había dejado un repertorio de detalles técnicos solo al alcance de jugadores con mucha clase y calidad. Y a Rodri le sobra. Puede defender como un mediocentro y atacar como un media punta, ocupar espacios con una intensidad imponente. Esa versatilidad y control del juego hacen que su rendimiento físico se resienta, como argumentó el técnico del Linares para justificar su discutida decisión. Rodri ni rechistó. Se marchó a la caseta sin pedir explicaciones y con una sensación agridulce.
Por un lado, para él, los abucheos eran la prueba palpable de que su trabajo contaba con la aprobación de la grada, pero, por el otro, su portentoso partido no había servido para sumar los tres puntos.
Rodri tiene a la afición metida en el bolsillo. Para el iliturgitano no ha sido fácil. Siempre a la sombra de Fran Carles y de David Gámiz, la pasada temporada no gozó de la continuidad que cualquier jugador necesita para demostrar su valía. Su carácter de chico introvertido, algo tímido y discreto, no le ayudó a interpretar ese papel protagonista que este curso sí tiene desde la primera jornada. “Me siento muy bien y cómodo en la plantilla. Tengo mucha confianza, gracias a que la regularidad que me ha dado el entrenador. Estoy sorprendido de cómo me he adaptado a la categoría”, dice el futbolista de Andújar.
En este momento, pocos jugadores de la plantilla tienen su capacidad de desborde, su visión del juego e intuición a la hora de elaborar el ataque. Rodri se mueve en el campo como un jugador experimentado, con tablas en el fútbol profesional. Firmado por Alberto Lasarte, quien lo tuvo a sus órdenes en el Villacarrillo, su peso en el equipo no solo influye en los equilibrios defensivos, también obliga al Linares a salir desde atrás con el balón para dar sentido a su presencia, algunas veces diluida por la falta de un pivote que lo libere del trabajo sucio y permita que active la circulación del esférico, de luz a la transición y bata las líneas de presión.
Él se siente, en cualquier caso, a gusto con su nuevo rol en el colectivo. Se ve como un futbolista importante, y esa seguridad le permite crecer por encima de las expectativas. La conquista de Rodri es el premio a la paciencia, a la ambición de un joven jugador que quiere hacer historia con el conjunto azulillo. “Solo falta —agrega— que nuestro buen juego se traduzca en victorias. El partido ante el San Roque de Lepe debe servir de punto de inflexión”, afirma.