La Guardia Civil sitúa a Enrique Fuentes en el centro del "engaño"
Por primera vez en lo que va de juicio Iniosa —y ya van cinco maratonianas sesiones—, a Enrique Fuentes Ibáñez se le vio nervioso. El considerado cabecilla de la trama que, supuestamente, estafó a decenas de olivareros, se mostró visiblemente más inquieto y mucho más gesticulante que en días anteriores: movimientos de negación con la cabeza, miradas cómplices con sus compañeros de banquillo e, incluso, algún aspavientos de desaprobación.
Fueron dos miembros de la Guardia Civil los que torcieron el gesto a Enrique Fuentes cuando lo situaron en el centro del “engaño” de Iniosa y hablaron de él como “el dueño” y “el administrador de hecho” de esta empresa aceitera que dejó sin pagar la aceituna a muchos de los olivareros que llevaron allí su cosecha del año 2001-2002.
La declaración de los dos agentes de la Policía Judicial, los mismos que pusieron en pie la investigación que ha desembocado en este juicio, supuso el primer torpedo en la línea de flotación de la defensa de Enrique Fuentes. Hay que recordar que el considerado cerebro de la trama rechaza de forma categórica ser el responsable de Iniosa. Es más, en su declaración llegó a presentarse como una víctima de la quiebra de esta sociedad, el que se llevó la peor parte de la ruina. Ayer, los guardias civiles le desmintieron. Y no una vez, sino varias.
Para hacer esa afirmación, los agentes se apoyaron en las declaraciones de “más de un centenar de afectados”. “Todos pensaban que le seguían vendiendo la aceituna a la misma persona”, dijo uno de los guardias, en relación a Enrique Fuentes Ibáñez. Muchos de los cosecheros llevaban años tratando con Suroliva, la sociedad del presunto cabecilla. En el año 2000, sin embargo, ya la llevaron a Iniosa. Sin embargo, para la Guardia Civil, todos los afectados estaban en la creencia de que vendían su producción “a la misma gente” —el propio Enrique Fuentes y su comercial José F. M.—.
Los investigadores también hablaron de cómo se gestó el engaño a los olivareros, de cómo, en la campaña 2001/2002, les ofrecieron, presuntamente, condiciones ventajosas para que llevaran su aceituna a Iniosa. “Según nos dijeron los afectados, les garantizaron el pago por un rendimiento del 23 por ciento”, explicó un agente. Muchos llevaron allí su producción. La operación fue muy fuerte. Y es ahí donde les dieron “el hachazo”, en palabras del propio guardia civil.
Este no fue el último “palo” que dieron los dos agentes, mientras los acusados se revolvían en el banquillo, con indisimulables gestos de enfado. Ambos hablaron de “operaciones sospechosas”, “de transmisiones de empresas por deudas poco acreditadas” y “de ventas simuladas por precios inferiores en millones de euros”. Tejemanejes realizados, según su versión, con el objetivo de descapitalizar Iniosa, de dejarla sin bienes para que la persona que, presuntamente, manejaba la sociedad desde la sombra pudiera eludir el pago de sus deudas.
Y esa persona no era otra que Enrique Fuentes Ibáñez, apoyado en una compleja trama de ingeniería financiera, de empresas interpuestas y de sociedades. Las defensas de los procesados trataron, lógicamente, de desacreditar el atestado de la Guardia Civil, que es una de las piezas angulares en las que se apoyan las acusaciones para mantener los cargos con los dieciocho procesados. De hecho, el letrado de Enrique Fuentes recordó a los agentes que su cliente no intervenía en los contratos, en las ventas de aceite ni en operación alguna. Además, preguntó a uno de los investigadores si sabía que Enrique Fuentes no había recibido ni una sola reclamación por parte de olivareros en más de treinta años de profesión: “Entonces, no sé qué hacemos aquí”, fue la respuesta del guardia civil.
El acusado enfermo niega ser el último testaferro de la trama
Luis María H. Y. ha pasado más de veinticinco días hospitalizado. Este empresario vasco sufrió un ictus antes de que empezara la segunda sesión del juicio por el caso Iniosa. Fue el 4 de noviembre. Dos días después, el presidente del tribunal, José Cáliz Covaleda, se vio obligado a suspender la vista hasta que el enfermo pudiera prestar declaración. Ayer, Luis María H. Y. pudo comparecer y eso que su presencia fue una pura duda hasta el último momento. Incluso, la semana pasada, llegó a pedir a la Audiencia ser trasladado hasta Jaén en una ambulancia desde el Hospital de Basurto —donde estaba ingresado—. Visiblemente más delgado y mucho más demacrado, el empresario llegó a la sala de vistas de la Audiencia en una silla de ruedas para dar su versión de los hechos.
Y fue su “versión” porque se acogió a su derecho constitucional porque declinó responder a las preguntas de las acusaciones y solo contestó a las cuestiones que le planteó su abogada. Fue un interrogatorio muy corto —apenas duró veinte minutos—, pero que dejó algunos detalles interesantes. Hay que recordar que Luis María H. Y. está acusado de ser la última pieza de la compleja trama empresarial de la que, presuntamente, se sirvió Enrique Fuentes Ibáñez para eludir el pago de sus deudas con Hacienda.
Según la Fiscalía, simuló la compra de empresas que estuvieron vinculadas a Iniosa a cambio de ocho millones de las antiguas pesetas. Las acusaciones aseguran que se prestó al montaje debido “a su mala situación económica”. Lo que hizo, presuntamente, fue adquirir unas sociedades que solo tenían deudas millonarias y cooperar así en que los vendedores —Enrique Fuentes y Luis García Bolívar— pudieran eludir sus deudas: “Si llego a saber que tienen esas obligaciones, jamás las hubiera comprado”, aseguró, casi al final de su declaración.
Luis María H. Y. relató que conocía al considerado cabecilla de la trama Iniosa desde los años 80 porque habían tenido negocios de compra y venta de aceite. Además, reconoció que pidió ayuda económica a Enrique Fuentes Ibáñez debido a que estaba pasando una mala racha y que el empresario jiennense le prestó 8 millones de las antiguas pesetas en 1989: “Le devolví seis y le iba a pagar el resto, pero, visto lo visto, creo que no los voy a pagar”, dijo.
Al hilo, negó categóricamente haber recibido dinero a cambio de comprar las empresas de la antigua Iniosa. Según la declaración de Luis María H. Y., las adquirió porque tenía intención de expandir su negocio de venta de aceite en terceros países y necesitaba sociedades consolidadas. Eso sí, quiso dejar bien claro que solo se quedó con las marcas, no con las fincas ni con las propiedades. “Si llegó a saber todas las cargas que tenía, yo no quiero eso”, reiteró, en una frase en la que dejó entrever, sin decirlo, que había sido engañado.
Terminada la declaración, Luis María H. Y. abandonó el estrado acompañado por dos personas que le ayudaron para moverse con la silla de ruedas. El hombre estuvo presente en la sala de vistas durante una media hora más. Después, pidió permiso al presidente del tribunal para marcharse, alegando estar indispuesto. Se da por sentado que no volverá más debido a su estado de salud. Tampoco se presentó ayer el acusado Fidel San Román, que también está dispensado y solo estuvo representado por su abogado.