La Guardia Civil detiene a un 'robaiglesias'en Castillo

Un conocido de las Fuerzas del Orden es el presunto autor del robo en la ermita y la parroquia de Castillo de Locubín. La Guardia Civil sospecha que se hizo un botín de ochocientos euros al sustraer dinero del cestillo de las limosnas y de los lampadarios de los templos. Se investiga si es el autor de otros hechos similares.

    21 mar 2012 / 12:07 H.

    M. C. C. fue detenido, en plena faena, cuando, supuestamente, sustraía monedas de uno de los lampadarios de la ermita de Jesús, de Castillo de Locubín, el templo donde se venera a la imagen más querida de este pueblo de la Sierra Sur. Los agentes lo detuvieron, sobre las diez de la noche del 19. Se trata, como se explicó a este periódico, de un “viejo conocido” por acciones de este tipo que, en el caso de los templos, supuestamente, robaba en los momentos en los que la afluencia de feligreses era menor. De ahí, la hora a la que fue arrestado. Su objetivo, al parecer, son los lampadarios y las limosnas y, en varios “golpes” logró reunir, como creen los investigadores, un botín de ochocientos euros.
    Además de en la ermita, se le imputan robos en la parroquia de San Pedro, también en Castillo. La Benemérita tampoco descarta que tenga vinculación con otros delitos similares.  Las pesquisas, en primer lugar, se centrarán en robos parecidos en la iglesia de Ventas del Carrizal. Además de por el perjuicio económico, los asaltos a lugares sacros causan destrozos materiales. La Benemérita explica que, al forzar las cerraduras de los velorios, se rompen elementos de estas piezas que son objetos artesanales y de costosa fabricación.
    Lo ocurrido ha causado un gran revuelo entre los castilleros, lo mismo que en otros puntos de la provincia donde se registraron robos similares, hasta el momento, sin esclarecer. En Huelma, Escañuela o iglesias y parroquias de la Sierra Sur se dieron casos muy parecidos y, en algunas ocasiones, las “´víctimas” de los robos fueron imágenes del patrón o la patrona del municipio, con la sustracción de joyas que componían el ajuar. Lo que hizo que la indignación de los vecinos fuera todavía mayor. El Obispado, ante esta oleada, decidió emitir una circular en la que se pidió a los párrocos que extremaran las medidas de vigilancia o, en colaboración con los responsables de las cofradías, elaboraran inventarios de las obras de arte de las hermandades. El delito, como se cree, no busca tanto el expolio de patrimonio para su venta en el mercado sino la sustracción de oro o dinero en efectivo, a pequeña escala. José Rodríguez Cámara/Jaén