La gran noche de la familia flamenca de Simoes
Fue el presentador el que reparó en ello y quiso compartirlo. “Yo he tenido la oportunidad de ver lo que pasa ahí detrás —dijo mientras señalaba bambalinas—, hay nervios por el espectáculo, pero lo que más me sorprende es que Simoes es una gran familia”, contó. Así arrancaba, muy poquito después de las nueve, la gran noche de la asociación cultural que se sitúa en el corazón de El Valle, en la que los alumnos de Carlos Santiago, “Carletes” para todos ellos, dan lo mejor de sí sobre las tablas del escenario, en este caso, del Nuevo Teatro Infanta Leonor. Era la primera cita de Danza Express, la programación de dos espectáculos con los que dos centros de formación, este y el Centro de Artes Escénicas, finalizan cada curso. Montajes para ver cuánto arte hay entre sus aulas y cómo han trabajado sus alumnos en los meses previos. Es la puesta de largo de la ilusión de más de un centenar de jóvenes bailarines.
Fue el presentador el que reparó en ello y quiso compartirlo. “Yo he tenido la oportunidad de ver lo que pasa ahí detrás —dijo mientras señalaba bambalinas—, hay nervios por el espectáculo, pero lo que más me sorprende es que Simoes es una gran familia”, contó. Así arrancaba, muy poquito después de las nueve, la gran noche de la asociación cultural que se sitúa en el corazón de El Valle, en la que los alumnos de Carlos Santiago, “Carletes” para todos ellos, dan lo mejor de sí sobre las tablas del escenario, en este caso, del Nuevo Teatro Infanta Leonor. Era la primera cita de Danza Express, la programación de dos espectáculos con los que dos centros de formación, este y el Centro de Artes Escénicas, finalizan cada curso. Montajes para ver cuánto arte hay entre sus aulas y cómo han trabajado sus alumnos en los meses previos. Es la puesta de largo de la ilusión de más de un centenar de jóvenes bailarines.
Desde las más pequeñas a las mayores. La espontaneidad, la dulzura y la inocencia frente a la concentración, la precisión técnica y el sentimiento. Arrancaron con el flamenco, santo y seña de Santiago, pero también hubo danza moderna, con las coreografías montadas por Eva Murcia, profesora del Centro de Artes Escénicas. Allí las más pequeñas se lucieron y seguro que no pocos padres y abuelos se tuvieron que limpiar la baba repetidamente. Realmente lo merecía, como la benjamina del grupo, de tutú verde y más gracia imposible. Hubo también gansters con pistola y cinco preciosas tangueras, hasta dos enloquecidas ochenteras.
Y volvió el flamenco. Y más baba caída en el patio de butacas. Así todo el espectáculo, pero la de los nervios mezclados con orgullo de los padres, no fue la única emoción que se extendió en todo el teatro. Y si hubo una “culpable” esa fue Cuqui. Se montó el escenario para un cuadro de colombianas. Sillas, abanicos, mantillas y seis flamencas. Por sorpresa, volvió a salir el presentador para recibirla. Ella es una joven con Síndrome de Down y un arte que no cabía en el escenario. De primera bailarina, firmó una actuación fabulosa y, como mejor bis, un taconeo ella sola en el centro del escenario. Aplausos a rabiar y público en pie. Ojos vidriosos.
Fue solo un momento. Un ejemplo de cómo todos tienen su lugar en esta gran familia como es Simoes, la que está ya cerca de alcanzar las dos décadas de historia, diecisiete años dijo el presentador. Después, más arte en cada compás, en cada taconeo. Un espectáculo en dos actos en los que los alumnos de Simoes estuvieron acompañados por artistas de primera: a la guitarra, Juan Moreno; al cante, Vicky Romero, Ubaldo Valverde y Nerea García; en la percusión, Teresa Cortés; palmas y jaleos, Yolanda Garrido, Rosa Santiago y Carlos Santiago.
No hubo mejor forma de decir adiós a este curso, meses de ensayos, aprendizaje, compañerismo y también diversión. Bajado el telón, comienza ya la cuenta atrás para que arranque un nuevo año. Muchos están ya impacientes, seguro.