La genialidad del zurdo

Nuria López Priego /Jaén
Con una imaginación desbordante, su zurda y un aerosol, el linarense Miguel Ángel Belinchón, Belin, es, hoy, uno de los grafiteros más cotizados y reconocidos del panorama internacional, y el artista que ha coloreado, “espectacularmente”, las diez comarcas de la provincia en el décimo reto de Diario JAEN.

Nuria López Priego /Jaén
Con una imaginación desbordante, su zurda y un aerosol, el linarense Miguel Ángel Belinchón, Belin, es, hoy, uno de los grafiteros más cotizados y reconocidos del panorama internacional, y el artista que ha coloreado, “espectacularmente”, las diez comarcas de la provincia en el décimo reto de Diario JAEN.
Agarra el aerosol con la izquierda; acaricia la boquilla con el índice y el pulgar. En un gesto inconsciente, dispara dos veces al suelo para comprobar que no hay atranques en el mecanismo de pulsión y, una milésima de segundo después, apunta a la pared. Comienza el espectáculo. El “action painting” de uno de los artistas más cotizados, codiciados, respetados y admirados del panorama nacional e internacional, Miguel Ángel Belinchón, Belin. Un linarense de 31 años que despunta como uno de los grafiteros más importantes del momento. Pero llegar hasta aquí no ha sido fácil. “No hay polvos mágicos”, aunque la destreza con la que usa los espráis y la definición de sus obras parezcan obra de un prestidigitador.
Aunque dice que, desde niño, se sintió atraído por el dibujo, no fue hasta el año 1994 cuando comenzó a pintar como grafitero. Entonces, empezó a recorrer la ciudad de las minas en busca de paredes que “bombardear” con su nombre. Ahí, nació Belin. Un artista que se ha forjado a golpe de esfuerzo y de más de una huida de la Policía. Reconocido “desastre” para los estudios, el linarense no llegó a acabar el Bachillerato Artístico en la Escuela de Artes y Oficios de Jaén. Dice que allí “no podía aprender nada”. Así que decidió desarrollar su pasión por cuenta propia, de una forma autodidacta, “entrenando” en la calle, con un ojo en la pared y en el dibujo y otro, alerta, por si se acercaba la pasma y había que salir corriendo. Primero, pintaba los fines de semana e invertía en sprays el dinero que ganaba trabajando con su tío. De esa forma, podía seguir pintando y perfeccionar su técnica. Y, así, desarrolló un trabajo que no deja de impresionar y que lo ha llevado a participar en exhibiciones internacionales de grafiti en ciudades y países como Dublín, Londres, Sicilia, Nápoles, Amsterdam, Alemania, Puerto Rico e Israel. “Es un artista global”, dice de él Juan Espejo, director de Diario JAEN. “Nos gusta cómo interpreta la realidad con un espray”. Y por eso es el creador elegido para llevar a cabo el décimo de los doce retos con los que el periódico celebra su septuagésimo aniversario.
Belin no necesita cuadrículas que lo guíen ni cintas de carrocero y mucho menos un proyector para copiar en la pared. Su cerebro crea la composición y el espacio, las proporciones “le salen” y su zurda les da forma. No sabe cuál es el secreto y se encoge de hombros cuando le mencionan la palabra “don”. “El mérito es el trabajo”, apunta sin dilaciones. Como De Kooning o Pollock, Belin está convencido de que el “arte se demuestra haciéndolo”. “Es físico” y verlo trabajar es un “lujo” que sorprende, apabulla y hasta despierta envidias.
Pero si admirable es su pintura, más estimables son su sencillez y su cercanía. “Y Ana —dice uno de sus amigos, Carlos Hinojosa— tiene parte de culpa”. Ana Pilar Blanco es la “coordinadora” de la Casa Pintada de Linares, “la jefa”, su mujer, su “musa” y la madre de dos hijos que parecen una prolongación del mundo mágico que rodea al grafitero. Un hombre que nunca sale de casa sin la sonrisa puesta y un artista que, en cada obra, intenta dignificar un arte que “ni siquiera se estudia en la facultad de Bellas Artes” y que, por desgracia, no se quita de encima el estigma del vandalismo.