La crisis del recuerdo

Precisamente hoy se cumplen treinta y cuatro años y un mes de la muerte de Juan Pasquau Guerrero, profesor docente, escritor, biógrafo y cronista de Úbeda, en la que nació en 1918. A este mi buen amigo, o amigo del alma como llamo a los mejores, debo en gran parte mis 'maneras' de escribir y a haber leído todas sus obras y artículos y alentado por sus consejos literarios.

    10 jul 2012 / 17:30 H.

    Y me abrió las puertas de revistas y anuarios y con posterioridad me dio ánimos para que no dejara de colaborar en Diario JAEN, donde él venía haciéndolo desde apenas fundado este periódico, con artículos que eran ya “preciosos” al destacar su pluma sobre la colaboración diaria. Su hijo Miguel, en el prólogo “A la busca del hombre perdido”, de su padre, dijo: “No hay que mirarlo con la lupa de nuestros prejuicios ideológicos”. El cronista, pues escribía de Dios, porque, “o Dios o la nada”. Aquí estaba su credo, su honesto crear y su retrato de hombre nacido para servir escribiendo. En mi libro “Úbeda: Hombres y nombres”, digo de él y hablo de su proverbial despiste tan acusado y tan íntimo, que le hizo intérprete de simpáticas anécdotas que le dieron renombre de bondad y de honesto pensador. Sigo por un camino “recortado” porque todo lo que de él se puede decir, ya está publicado. Pero —eso sí—, no voy a callarme que el diario ABC le quiso para sí al ser considerado el segundo articulista que colaboraba en sus páginas. Lo conocían por sus colaboraciones en “La Provincia”, “Vida Nueva, Jaén”, “Patria” e “Ideal” de Granada; “Madrid”, “Blanco y Negro”, etcétera. Fundó y dirigió la revista “Úbeda”, y con frecuencia firmaba con el pseudónimo Anselmo de Esponera. A la complacencia de Úbeda y el reconocimiento hacia Juan Pasquau, prócer en la literatura nacional, no hay que ponerle objeciones, pues un busto de bronce, una escuela y la Biblioteca Municipal que lleva su nombre, y la calle a dos pasos de su domicilio, ya dicen bien claro la admiración al autor de “Biografía de Úbeda” y otros libros que distinguen los anaqueles de las más completas librerías, escritos a su tierra jiennense. A pesar de todo, Úbeda está obligada a “algo más vivo”, que sea frescura y actualidad. —¿Y qué es mejor, la celeridad o la pausa?— nos preguntó Pasquau. Yo preferiría esta a la prisa, porque correr nos equivoca. ¿No sería posible que actos culturales y otros eventos se celebren bajo el nombre de este escritor de Úbeda? Y deben de ser     —ya lo digo— la cultura, literatura, sociedad. Repito que con la erección de un busto, una escuela y una calle, Úbeda le ha pagado —¿con creces?— su personalidad. Bueno, yo siempre con mi mejor fe hacia Pasquau, he intentado escribir para determinar la figura de un hombre que ya no está con nosotros.

    Ramón Quesada Consuegra es escritor