La ciudad
Allá por los Idus de marzo del año 75 abandono Córdoba y me dedico a mi cooperación jaenera. Me gustó la ciudad. ¡A qué negarlo! Tamaño idóneo para una gobernabilidad cómoda y perfecta. Ciudadanos en un estilo de convivencia y sencillez más que envidiable y, todo ello, regado además con el magnífico licor de la primera transición municipal. La Corporación de 1979.
Aquello sí que fue una herencia peor que todas las deudas. Se gobernó y se tiró para adelante, que para eso estuvimos. Y ahora obvio comentario alguno sobre las relaciones de los unos y los otros. Tan solo deseo, pido y si queréis y sin cortedad alguna, como ciudadano, suplico que aquí la principal hazaña no es ni rehusar ni discutir, aquí la principal hazaña es el acuerdo y el trabajo para lograr la consecución de una ciudad en la que la mayor comodidad, la belleza y seguridad hagan agradable la estancia. ¿Para qué una Plaza de la Constitución a la que le faltó espacio para llenarla de eso que el pueblo llama “tonterías? ¿Para qué más pirámides si al salir a la calle tropiezo con los hoyos, me baño si llueve o escucho la Novena con el sonido de lo que fueron baldosas? Estimo que el pueblo está anhelando este estilo de política ciudadana y rechaza las grandezas que no disfruta. Probemos a hacer una ciudad habitable y no un palacio inhóspito. Colaboremos y reconozcamos los hechos. La política es para los ciudadanos y no estos para la política, a todos los niveles. Félix Martínez es escritor