La ciudad

Allá por los Idus de marzo del año 75 abandono Córdoba y me dedico a mi cooperación jaenera. Me gustó la ciudad. ¡A qué negarlo! Tamaño idóneo para una gobernabilidad cómoda y perfecta. Ciudadanos en un estilo de convivencia y sencillez más que envidiable y, todo ello, regado además con el magnífico licor de la primera transición municipal. La Corporación de  1979.

    22 mar 2012 / 12:17 H.

    Aquello sí que fue una herencia peor que todas las deudas. Se gobernó y se tiró para adelante, que para eso estuvimos. Y ahora obvio comentario alguno sobre las relaciones de los unos y los otros. Tan solo deseo, pido y si queréis y sin cortedad alguna, como ciudadano, suplico que aquí la principal hazaña no es ni rehusar ni discutir, aquí la principal hazaña es el acuerdo y el trabajo para lograr la consecución de una ciudad en la que la mayor comodidad, la belleza y seguridad hagan agradable la estancia. ¿Para qué una Plaza de la Constitución a la que le faltó espacio para llenarla de eso que el pueblo llama “tonterías? ¿Para qué más pirámides si al salir a la calle tropiezo con los hoyos, me baño si llueve o escucho la Novena con el sonido de lo que fueron baldosas? Estimo que el pueblo está anhelando este estilo de política ciudadana y rechaza las grandezas que no disfruta. Probemos a hacer una ciudad habitable y no un palacio inhóspito. Colaboremos y reconozcamos los hechos. La política es para los ciudadanos y no estos para la política, a todos los niveles. Félix Martínez es escritor