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URGENTE

La Carolina.- Bartolín es feliz con su camión

Bartolomé Rubia Muñoz, conocido como Bartolín, saltó a la actualidad nacional a finales de mayo de 1998, cuando denunció un presunto rapto por parte de la banda terrorista ETA. Por este hecho, la Sala de lo Penal número 5 de la Audiencia Provincial de San Sebastián lo condenó a pagar una multa de 270.000 pesetas por un delito de simulación de secuestro.

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22/03/2012

El caso fue tal que corrieron ríos de tinta y el municipio carolinense se convirtió en el eje central de todo tipo de medios informativos de distintas cadenas de radio, televisión y prensa escrita. En la actualidad, es decir, casi catorce años después, es una persona anónima y vive su vida privada. Contrajo matrimonio religioso hace varios años y tiene un hijo. Desde aquel acontecimiento, está apartado de la actividad política y dedicado a su profesión de camionero así como a disfrutar de su familia. En este sentido, eludió realizar a este periódico declaración alguna sobre lo sucedido aquella noche y afirmó: “Solamente quiero que me dejen vivir mi vida en paz y no quiero saber nada más”. Por ello, todavía se enfada cuando algún medio se interesa por su historia.
Bartolomé Rubia cambió de rumbo su vida y se quiso adentrar en el anonimato, aunque todavía quedan muchos flecos para conseguirlo realmente. Por aquel entonces formaba parte, como concejal, del Gobierno municipal del incombustible Ramón Palacios, cuyo chófer personal era su mismo padre. Bartolín era muy querido por la mayoría de los ciudadanos carolinenses y muy estimado debido a su buena labor como concejal.
Según contó el propio Bartolín, el 29 de mayo de 1998, por entonces era concejal de Juventud y Deportes del PP en el Ayuntamiento de La Carolina, fue secuestrado en esta ciudad a mano armada en su garaje. Posteriormente, una llamada a Diario JAEN, realizada en nombre de la banda terrorista ETA, aseguraba que Bartolomé Rubia Muñoz fue secuestrado por este grupo violento. A causa de ello, se creó una gran expectación y alarma social en La Carolina.
Incluso, el alcalde de esa época, Ramón Palacios, se pasó el día llorando en su despacho del Ayuntamiento. A media tarde, el coche de Bartolín fue localizado en Linares, aparcado junto a una churrería ubicada en el Paseo de Linarejos. Artificieros de la Policía Nacional se encargaron de investigar el vehículo, por si contenía alguna bomba e, incluso, explosionaron el maletero del vehículo para abrirlo y recoger huellas. Ya mediada la noche, se recibió una llamada en la propia Alcaldía de La Carolina, realizada por Bartolín desde Irún. Ramón Palacios y varios de sus concejales exclamaron: “Está vivo”.
El propio edil de Juventud dijo que estaba en una comisaría de Irún ya que, según contó, los secuestradores lo llevaron hasta la estación de Linares-Baeza y lo drogaron con algo que habían mezclado en una lata de Coca-Cola, y cuando despertó estaba en Irún, donde lo recogió una pareja en una furgoneta. A continuación, Bartolín dijo que lo introdujeron en la parte de atrás de un turismo furgón y, tras una discusión de la pareja, escapó de la furgoneta y, campo a través, llegó hasta la comisaría de Irún, donde denunció el presunto secuestro.
También tuvo la oportunidad de hablar con su padre, Bartolomé Rubia Hervás, que se encontraba en el Ayuntamiento carolinense. Tras contarle lo acaecido, Bartolín regresó a su domicilio de La Carolina al día siguiente, escoltado por las Fuerzas del Orden público. Una multitud de gente se concentró en la puerta de su casa y fue recibido entre aplausos. Sin embargo, el 30 de mayo, los investigadores de la Policía reconstruyeron el presunto secuestro y descubrieron que todo había sido un montaje ideado por el propio Bartolín, ya que las llamadas a Diario JAEN fueron realizadas desde su propio teléfono móvil. Tras descubrirse la presunta farsa, Bartolín pasó de ser una supuesta víctima de ETA a ser objeto de sospechas, enfado e incluso chistes para la mayoría.
El día 1 de junio, Bartolín fue expulsado del PP, aunque siguió como edil hasta que concluyó el mandato. Posteriormente, se celebró el juicio, el 13 de febrero de 2001, en San Sebastián, en el que quedó claro su “afán de notoriedad”. Bartolín fue condenado a una multa de 270.000 pesetas por simulación de delito de secuestros, a pesar de defender siempre su inocencia. “Yo nunca he hablado de que hubiese sido la banda terrorista ETA. En cambio, la única persona que mentó a esa banda fue el alcalde, Ramón Palacios”. Finalmente, Bartolín abonó la multa en varios plazos. A día de hoy, sigue manteniendo que fue secuestrado, que no sabe por quién, pero que lo suyo fue verdad. Silverio Fernández/La Carolina