Julio César y el larguero sacan a Brasil del apuro
La selección brasileña de fútbol logró el pase a los cuartos de final de su Mundial tras un partido de octavos en el que sufrió más de la cuenta ante Chile, a la que solo pudo superar en unos penaltis (3-2), en los que el gran héroe fue el portero Julio César, tras haber empatado en el tiempo reglamentario (1-1). Primera eliminatoria directa por el Mundial, tras el final de la fase de grupos, y primer partido memorable el que se vivió en Belo Horizonte. No en lo futbolístico, donde los brasileños dejaron mucho que desear y los chilenos dieron lo que pueden dar, pero sí en lo emocional.
Si alguien no vio el partido hasta que se lanzó el último penalti, tan solo con observar las reacciones de los jugadores, las lágrimas de alegría y las de tristeza, los abrazos de algunos y la soledad de otros sobre el campo una vez concluido todo, puede ser consciente de la importancia de lo vivido en el estadio Mineirão, especialmente para la “canarinha”.
Si alguien no vio el partido hasta que se lanzó el último penalti, tan solo con observar las reacciones de los jugadores, las lágrimas de alegría y las de tristeza, los abrazos de algunos y la soledad de otros sobre el campo una vez concluido todo, puede ser consciente de la importancia de lo vivido en el estadio Mineirão, especialmente para la “canarinha”.
Los hombres de Luiz Felipe Scolari volvieron a demostrar que están carentes de fútbol. Los anfitriones lo fían todo a su pareja de centrales y a las genialidades de Neymar, pero no son capaces de controlar los partidos. Además enfrente tuvo a un equipo al que le fue el alma en cada balón y que vive de la presión y de la velocidad. Brasil se adelantó a balón parado, con un gol en propia puerta de Jara la salida de un córner. Era el minuto 18 y por entonces la “verdeamarela” vivía de su dureza y de la inspiración de Neymar. El del Barcelona estuvo fino al inicio y dejó un par de destellos, pero pronto se fundió y con él el ataque de los de Scolari. Además Chile reaccionó rápido y en el 32 Alexis, tras una perdida absurda de Hulk, empató.
Desde ese instante el partido se convirtió en un túnel del terror para todo Brasil, porque Chile se fue arriba con la esperanza de hacer historia. Cuando el partido agonizaba en la prórroga, Pinilla soltó un latigazo que hizo vibrar el larguero y enmudeció al estadio entero. Brasil se quedó a un centímetro del abismo. Llegaron los penaltis. Todo Brasil rezaba, todo Chile soñaba. Es entonces cuando deben aparecer los grandes jugadores y en Brasil apareció Julio César para parar dos lanzamientos desde los once metros.