José Félix González: 'Parece ilógico tirar durante 200 años el oro que hay en los áridos'
Nuria López Priego/Bailén
Cabeza visible de Sílices de Bailén, S. L., tras una década de investigaciones y de 'importantes' inversiones, busca financiación para un proyecto 'pionero' dedicado al aprovechamiento y revalorización de las arcillas.
Nuria López Priego/Bailén Cabeza visible de Sílices de Bailén, S. L., tras una década de investigaciones y de 'importantes' inversiones, busca financiación para un proyecto 'pionero' dedicado al aprovechamiento y revalorización de las arcillas.
—¿Cuál es el origen de Sílices de Bailén, S. L. y a qué se dedica?
—Es una empresa familiar que trabaja en el sector de los áridos desde hace cuarenta años, aunque no con este nombre, sino como Félix González Gamayo, que es mi padre y el promotor de todo esto, y también como Áridos del Ronquío. Esta empresa se constituyó para la nueva explotación de Bailén, a donde vinimos cuando agotamos la gravera que teníamos en el término de Jabalquinto.
—Y, además de un cambio en el nombre de la firma, ¿la llegada a Bailén supuso alguna alteración de la estrategia empresarial?
—Claro. Básicamente, la materia prima es diferente, lo que nos supuso también una pérdida muy grande de clientes. De hecho, los desarrollos han venido por la dificultad de cómo vender este producto en grandes volúmenes y con un valor añadido. La actividad principal de la empresa es el lavado y el clasificado de áridos y teníamos dificultades para el apilamiento de lodos. Eso nos produjo unos gastos enormes de producción y, como yo había hecho cosas de arcilla de pequeño, pensé que podía tener un valor, lo consulté con la familia y empezamos a buscar un equipo investigador que nos ayudara a estudiar este problema.
—¿Es demasiado costoso?
—No es que sea costoso, es que no había quien lo estudiase. De hecho, cuando comenzamos esas investigaciones, ni siquiera existía Innovarcilla. Había dificultades simplemente para buscar equipo investigador. Pero, a través de un curso de materias primas cerámicas, en la Antonio Machado de Baeza, encontramos a un experto de la Universidad Jaume I de Castellón que nos puso en contacto con el equipo del CSIC y de la Universidad de Barcelona, donde, posteriormente, se desarrollaron las iniciativas. En 2002, aproximadamente, solicitamos un proyecto de investigación científica que fue admitido por la Administración y empezamos con el estudio de las arcillas.
—¿En qué consiste ese estudio?
—Es un estudio científico-técnico para el aprovechamiento integral y la valorización del recurso minero La Muela —la explotación que tiene en concesión Sílices de Bailén—. Bajo este paraguas se han desarrollado tres proyectos innovadores. El primero es la instalación industrial para el ensacado de áridos, arenas de granulometrías especiales y morteros y hormigones por un nuevo sistema que consiste en un saco con dos continentes, de manera que se pueden guardar a la vez áridos y cemento sin que se transfiera la humedad. El segundo es el aprovechamiento y la valorización de las arcillas residuales del lavado de áridos, y el tercero, la recuperación de los metales pesados contenidos en las arenas, entre los que hemos encontrado oro.
-¿En qué cantidades lo han descubierto y cuál sería el uso posterior de ese polvo aurífero?
—En distintas proporciones, hay en todas las muestras que se han mandado a laboratorio. De media, podríamos hablar de 40 miligramos por tonelada, lo que supone 40 gramos por cada mil toneladas y el recurso minero tiene 100 millones de toneladas de áridos, aunque, ¡ojo!, este no se puede explotar en menos de 200 años. Lo que parece ilógico es estar 200 años tirándolo.
—¿La explotación de La Muela daría trabajo para cuántos años?
—Por ley, las concesiones se realizan por treinta años, prorrogables hasta noventa, y hay áridos más que suficientes para esos noventa años. Este es un proyecto que nos traspasa en el tiempo.
—¿Y tienen financiación? ¿Cuánto ha invertido Sílices de Bailén en todo esto y cuánto más necesitaría?
—En el proceso investigador, quizá gastamos 180.000 euros. Luego, para el primer proyecto, el del ensacado, hicimos una solicitud de financiación al Ministerio de Industria, a través de los créditos Reindus, y conseguimos un crédito blando por la mitad de la inversión —aproximadamente 500.000 euros, que nos fueron concedidos en 2011—, pero, posiblemente, necesitamos un millón más y no hemos conseguido la financiación. Los bancos no quieren saber nada relacionado con el sector de la construcción. Y no es justo.
—¿Existe alguna empresa en España que desarrolle lo que Sílices de Bailén pretende?
—No. Concretamente, todas las empresas de España tiran los metales pesados y las arcillas. De ahí la importancia de este proyecto, porque es exportable. Según nuestros científicos, en 2006, cuando había una gran promoción de viviendas y mucho trabajo en las graveras, en España se tiraban ocho millones de toneladas al año de distintas arcillas. Desarrollar nuestra idea de cara al futuro es una línea segura de trabajo, puesto que pondremos en evidencia que lo que tiramos se puede reciclar.