Isabel Pérez Lorite lleva ya cinco años en pugna para que su hija entre en el colegio San Vicente de Paúl
Antonio Heras /Jaén
Tener a sus dos hijas en el mismo colegio es lo que persigue Isabel. Parece, 'a priori', una misión sencilla, pero lleva ya cinco años en pugna con el centro San Vicente de Paúl y con la Delegación de Educación para lograrlo, sin éxito. Tampoco en el curso que arranca ahora. Aunque ella no se rinde. La puntuación, la mala suerte, la ratio de alumnos por clase.
Antonio Heras /JaénTener a sus dos hijas en el mismo colegio es lo que persigue Isabel. Parece, 'a priori', una misión sencilla, pero lleva ya cinco años en pugna con el centro San Vicente de Paúl y con la Delegación de Educación para lograrlo, sin éxito. Tampoco en el curso que arranca ahora. Aunque ella no se rinde. La puntuación, la mala suerte, la ratio de alumnos por clase.
Sea cual fuere la razón, lo cierto es que Isabel Pérez Lorite lleva ya cinco años de batalla para que sus dos hijas estudien en el San Vicente de Paúl de la capital. El que cada una esté en un centro diferente le trae por la calle de la amargura, ya que ella entra muy temprano a trabajar y tiene que dejar a una niña con su madre y a otra con su suegra, para que ellas las acompañen al colegio. Ha acudido innumerables veces a la Delegación de Educación para hallar una solución, sin éxito. “La anterior delegada me dijo en junio que nos reuniríamos en septiembre”, cuenta Pérez Lorite. “Luego me encontré con que ella ya no estaba, y el nuevo delegado no me quiere recibir; ya he solicitado tres veces que nos veamos para exponerle mi caso”, añade.
El año pasado parecía que la pesadilla de la madre acababa, ya que en el San Vicente de Paúl le confirmaron que las dos niñas entraban. Sin embargo, finalmente solo la menor lo consiguió. “Dijeron que había sido un error del centro, que no podían hacer nada”, lamenta la progenitora. Para el nuevo curso, su hija mayor se ha quedado a las puertas: es la segunda reserva, la 27 en una clase de 25. “Es injusto porque hasta ahora había 27 y hasta 28 alumnos, pero este año han decidido que no”, declara la madre, que reconoce que le han ofrecido desde la Delegación la reagrupación familiar, pero en un colegio que a ella no le gusta lo más mínimo. Tampoco le agrada aquel en el que estudia actualmente su hija mayor. La situación obsesiona a Isabel hasta el punto de hacerle perder el sueño.
Más información en nuestra edición impresa.