Inteligencia versus sexismo

Habríamos de partir —en mi humilde modo de entender las cosas— de lo que se evidenciaría tras tener en cuenta ciertas consideraciones dentro de nuestro complejo sistema de la lengua, que nos permitieran extraer conclusiones que de una vez por todas desechen cualquier mínimo atisbo de partidismo extralingüístico, o dicho de otro modo, me propongo plantear una respuesta con ánimo aclaratorio para la siguiente pregunta: ¿El español, en tanto que idioma, es sexista? La respuesta, creo, no se hace esperar: Sí, rotundo, pero habría que matizar aspectos importantes, no a la evidencia, sino a cómo se pretende subsanar el “desatino”, que diría el propio Cervantes, en inadmisibles términos machistas y sexistas.
Si nos atenemos al vocabulario, poco habría que aclarar a este respecto: Mientras “zorro” es definido por el DRAE como “hombre muy taimado y astuto”, en su quinta acepción, “zorra”, por su parte, vendría a significar “prostituta”, en un cuarto significado.
Sin embargo, en otro marco nada paradigmático, aunque sería lingüísticamente correcto emplear el género masculino (no siempre coincidente con el sexo, remarquemos bien este aspecto) para referirnos tanto al masculino como para el femenino conjuntamente, se suele poner el grito en el cielo pretendiendo —desde mi punto de vista erradamente— decir que existe sexismo en tal aspecto gramatical. Separemos, pues, lo políticamente correcto de lo lingüísticamente correcto. Si esto no se capta con una mínima sensatez podríamos acabar diciendo disparates como “miembro” y “miembra”, creyendo ignorantemente que lo segundo es femenino de lo primero, pero por esa misma regla de tres caeríamos a aberraciones lingüísticas tales como añadir “el masculino” a toda palabra acabada en “a” (“pianisto”).
No exageremos actitudes y luchemos en favor de la mujer pero inteligentemente, de lo contrario, todo lo avanzado se volvería en su contra de una forma caricaturesca y no faltarían tamañas cabestradas a modo de grotescas carcajadas de los sexistas como que un ministro es un cargo público y una ministra, una carga pública. ¡Inadmisible! ¿Verdad?

    26 jun 2015 / 14:48 H.