Indignación antes y después de las elecciones

Rozamos el larguero de los cinco millones de parados. La apatía política cabalga a lomos de representantes de mala calidad que parapetados en sus partidos contaminan sus siglas y empañan el trabajo de otros. Esta misma semana dos perlas. “Los imputados en las listas de la Comunidad de Madrid son por tonterías”, Esperanza Aguirre dixit. En el anonimato dañino de Twitter el PSOE de Écija: “Lo que se está haciendo a Don Manuel Chaves no tiene dignidad alguna. Que importa que coja 4 perras? El Psoe y el han trabajado x Andalucía”. Con amigos así mejor no contar.

Rozamos el larguero de los cinco millones de parados. La apatía política cabalga a lomos de representantes de mala calidad que parapetados en sus partidos contaminan sus siglas y empañan el trabajo de otros. Esta misma semana dos perlas. “Los imputados en las listas de la Comunidad de Madrid son por tonterías”, Esperanza Aguirre dixit. En el anonimato dañino de Twitter el PSOE de Écija: “Lo que se está haciendo a Don Manuel Chaves no tiene dignidad alguna. Que importa que coja 4 perras? El Psoe y el han trabajado x Andalucía”. Con amigos así mejor no contar.
El nivel ético y estético político está al nivel de interlocución del incendiario portugués (Mourinho) y el supuesto Dalai Lama de las Ramblas (Guardiola). Nuestra movilización e indignación, en apariencia, no va más allá de la barra del bar, del fútbol o del tedioso interés de otra boda del siglo. Frente a esta apatía, una cita electoral, cada cuatro años se antoja poca cosa para cambiar la foto fija. Stéphane Hessel, en su libro “Indignaos”, traslada una idea: “En situaciones como la presente, no debe existir espacio para la resignación o la apatía”. Nos lo recuerda un hombre de 93 años, con mucho vivido y sufrido, que ve como se desquebraja lo poco que nos puede hacer sentir orgullosos como sociedad. Como ciudadanos, el cortejo electoral no es suficiente, nuestra indignación y participación deben sentirla los políticos antes y después de las elecciones.
Palabra Perdida