22 may 2014 / 22:00 H.
Conocemos que el homo “cañetus” ha entonado su personal “lo siento mucho, no volverá a ocurrir”. Tarde y por la fuerza. De homo sapiens es errar y sobre todo corregir. Pedir disculpas por el error de inmediato, en aquella entrevista, como cualquier homo sapiens, lo habría convertido en una persona normal y habría sido una reacción normal ante un descuido, un exabrupto. Aunque para no parecer machista, lo mejor es no ser machista. Pero no, el homo “cañetus” opta siempre por la tozudez, por el empecinamiento que lo sitúa de nuevo en su esfera de superioridad. Varón súper inteligente que se deja ganar por las hembras ante su evidente debilidad intelectual, para que no se le tilde de machista. Por lo pronto lo empaquetamos para Europa. ¡Ahí lo llevas, vieja Europa! Te lo mandamos por tener nombre de mujer y pagano, para que te apabulle con su superioridad intelectual y su religión patriarcal. En las formas, me ha recordado a Monseñor Rouco y su feligresía. Se me viene a la cabeza ese homo canenensis, emparentado en su línea evolutiva con el cañetus, párroco de Canena que nos hablaba de aquellos gloriosos y siempre mejores tiempos en los que existía un “sentido moral” cuando “a lo mejor un hombre se emborrachaba y llegaba a la casa y le pegaba a su mujer, pero no la mataba”. Estoy de acuerdo con la actual secretaria de Estado de Igualdad, Susana Camarero, cuando dice que no podemos vivir en un país donde se permitan este tipo de comentarios. En su erre que erre se ha sentido acompañado el ex-ministro por todos aquellos que durante estos días han hablado y escrito para explicar su torpeza y derrota con Valenciano. No se puede desde la tozudez justificar los argumentos del señor Cañete y no se puede permitir ese antediluviano discurso de la superioridad masculina. Nosotros aquí nos quedamos sin Cañete, pero nos quedamos con buenos ejemplares de homo cañetus, como Gallardón y otros muchos. Para desgracia de los derechos de las mujeres y gloria del machismo más despreciable.