Heridas que se cierran
La escultura del San Juanito de la sacristía de El Salvador fue destrozada durante la Guerra Civil, cuando las vidas de las personas llegaron a valer tan poco como un plato de comida, y una escultura podía ser la pesadilla de esas vidas. Tiempos primitivos en los que quien mejor ejerció la tarea de destruir (el oficio único de los bárbaros) es el que alzó luego aquella uve de la victoria, que los ganadores escribían con mayúscula como un grito de exaltación del exterminio.
Diecisiete trozos quedaron de la estatua de San Juanito, una especie de Guernica de Picasso en miniatura. Pedazos sobrevivientes de lo que poco antes había tenido unidad y sentido: un brazo, una parte del torso, un pedazo de la piel de oveja que vestía el santo. Si Picasso pintó personas y animales hechas fragmentos por la guerra, la escultura rota era en sí misma el fracaso de las mejores razones del hombre, las de la armonía y la perfección que persigue el arte. Por eso, el camino que han seguido los restos del San Juanito, hasta formar el todo unitario que un día fueron, traza justo el camino inverso al de la barbarie.
El prodigioso trabajo de reconstrucción y documentación de la escultura supone una victoria (y ésta sí debe ser escrita con mayúscula) sobre la ominosa guerra. Se trata del triunfo de la inteligencia y del tesón que partiendo de un 40% que nos había llegado de la escultura, consigue la antigua plenitud perdida y nos devuelve a antes del destrozo mientras nos acerca a la creencia de que la civilización, a pesar de todo, acabará por humanizarnos.
La confirmación de que el San Juanito se debe a la mano de Miguel Ángel es la segunda victoria que desenlaza esta historia. Por las incisiones del cincel en el mármol, por la cara melancólica del santo niño y sus bíceps de hombre o por sus exactas proporciones, Gómez Moreno anticipó al autor hace varias décadas. Ahora, lo sabemos con certeza y, aunque la escultura sea la misma, su poder simbólico se agiganta.
En la sacristía de El Salvador de Úbeda reside, si no el corazón del Renacimiento andaluz, sí uno de sus ventrículos. Allí se expondrá la obra de Miguel Ángel. Allí lucirá no solo el orgullo de su perfección sino también el de representar una herida por fin cicatrizada.
Salvador Compán es escritor