Guardianes que hacen grande a 'San Lucas'

Nuria López Priego /Jaén
Están al otro lado de la barrera y, a veces, hasta pasan desapercibidos. Pero su presencia es imprescindible en cualquier sarao. Tanto, como la música o una buena ración de migas. Son camareros, cocineros, limpiadores, feriantes, turroneros, policías, bomberos y un largo etcétera de personas que, con su trabajo callado, hacen grande cada edición de 'San Lucas'.

    16 oct 2012 / 10:26 H.

    Mientras una mayoría se reencuentra, departe en las casetas y arregla el mundo con una cerveza, mientras recuerda las risas de aquella última vez en la que vio a tal o cual persona o, simplemente, se ponen al día y se cuentan las batallas cotidianas, hay cientos de ciudadanos que vigilan. Que trabajan para que esa cita bajo la loneta de una carpa se grabe en la memoria como un recuerdo especial. Gente que se deja la piel cada día para que las migas o el arroz satisfagan a los paladares más exigentes; un dispositivo especial que limpia de cabo a rabo el recinto para que luzca como si el día anterior no lo hubiera pisado ningún pie o que controla el movimiento cíclico de las atracciones y a los niños que las montan y se divierten en ellas para que todo vaya sobre ruedas. Son camareros, policías, bomberos, voluntarios de Protección Civil y Cruz Roja, feriantes, cocineros, limpiadores y un nutrido grupo de trabajadores que descansa “lo justo” —en algunos casos— para que cada nueva edición de “San Lucas” sea un éxito. Una fotografía fija en la que embelesarse y recrearse una y otra vez cuando ha quedado atrás.
    Y, sin embargo, aunque no es imposible, su misión no solo no es fácil, sino que exige una buena dosis de sacrificio para la que no todo el mundo está capacitado. En el caso del feriante y de algunos caseteros, “San Lucas” es prácticamente el final de varios meses de vida nómada. Una vida en la que, “ahora, con la crisis, se gana lo justo”, se descansa poco y a la familia se la echa demasiado de menos; en el de los voluntarios de Cruz Roja o de Protección Civil, son, fundamentalmente, fines de semanas de decenas de incidencias, de gente, en ocasiones, “muy pasada” por los efectos del alcohol o de las drogas, y, para los encargados de la limpieza del ferial, mañanas y días enteros hasta las nueve de la noche, amasando con la escoba cerros de basura —sobre todo, los restos del botellón— para que el recinto brille como una pátina.
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