Grandeza
La fuerza del destino y el amor a una jaenera me permitieron tener la oportunidad de conocer, hace ya casi quince años, a una de esas personas que pasan por la vida dejando su impronta, una de esas personas capaces, desde su ejemplaridad, de poner el foco en lo realmente importante y hacerlo con nobleza y humildad.
Desde siempre me llamó poderosamente la atención su capacidad de adaptación a un entorno y a una realidad vertiginosamente cambiante. María Teresa Gómez Sáenz-Messía era esa persona. El pasado 18 de octubre, cuando nuestra bella ciudad, engalanada y festiva, celebraba el día de San Lucas, nos dejaba a la edad de noventa y dos años. Mi admiración hacia ella quizás e involuntariamente venga acentuada por cómo y cuanto de útil ha sido. Ser mujer, empresaria, esposa y bisabuela y serlo al tiempo comprometida con los valores inherentes al trabajo, la familia y la mejora continua son variables que definen el liderazgo, la gestión eficiente y la vocación de servicio. Durante muchos años tuvo una bombonería en el Paseo de la Estación, y a lo largo de los mismos paseó por las calles de nuestra ciudad, feminidad en su porte y elegante figura. Es hoy, a través de estas líneas, cuando pretendo rendir mi humilde tributo a la que ostentando la máxima dignidad de la nobleza española en la jerarquía nobiliaria (doña María Teresa fue grande de España como condesa de Humanes) fue, al tiempo, una persona sencilla, viajera infatigable, trabajadora y sensible con la problemática social de nuestros días. Decía Plutarco, que fue más moralista que filósofo, que “la nobleza no se adquiere al nacer, sino en la vida, y con frecuencia en la muerte”. Y como esto va de moral, han sido la falta de la misma y los comportamientos no ejemplares de personajes del ámbito aristocrático en nuestro país, que olvidaron que la decencia es uno de los valores más importantes para darnos a respetar, los que han convertido en escepticismo social cualquier actividad ligada a los ilustrísimos o los excelentísimos. Sin embargo, ha sido Jaén la que ha tenido, hasta hace pocas fechas, a una persona que desde su grandeza personal y espiritual ha hecho buenos aquellos consejos de Jacinto Benavente cuando hablaba de que “la única aristocracia posible y respetable es la de las personas decentes.” Aprender de los mayores siempre fue enriquecedor, hacerlo de los mejores es el privilegio del que gozaron su numerosa familia y un gran número de amigos, que hoy mostramos nuestra gratitud.
Luis Salido es directivo de empresas