Gallego Díaz, cien años
El pasado día 12 de octubre se cumplió el centenario del nacimiento en Úbeda de José Gallego Díaz, considerado como uno de los matemáticos más importantes del siglo XX. Que yo sepa no ha habido ninguna declaración institucional ni ningún acto público en recuerdo de esta fecha y ante semejante olvido uno siente una profunda tristeza al comprobar cómo el tiempo borra de nuestra mente alucinada la presencia de aquellos que lo dieron todo por hacer que el mundo sea un poco más entendible, menos oscuro.
Gallego Díaz, aparte de la plaza y del colegio que llevan su nombre, es un gran desconocido para la mayoría de los jiennenses y sin embargo es uno de los hombres más importantes que ha dado la historia de la ciudad de los cerros. Fue Doctor en Ciencias Exactas, Ingeniero Agrónomo, licenciado en Ciencias químicas, premio extraordinario de la Universidad de Madrid, impartió clases en las mejores universidades del mundo, fue el único matemático europeo en asistir a la reunión sobre “aplicación de las matemáticas a las ciencias sociales y económicas”, celebrada en la Stanford University de California, sus impresionantes teorías sobre la biología matemática influyeron en científicos tan importantes como el Profesor Dachslager, colaborador del mismísimo Einstein. De 1964 a 1965 fue profesor de la Universidad central de Caracas. Allí murió en un desgraciado accidente de tráfico, con sólo 51 años, el 16 de febrero de 1965. Gallego Díaz dejó escritos numerosos libros sobre teoría matemática y una gran cantidad de trabajos de investigación en revistas científicas de todo el mundo. La obra de Gallego Díaz va mucho más allá de lo estrictamente científico, sus teorías tienen que ver con la misma esencia del pensamiento y los misterios del ser. Esto lo hemos entendido hasta los que en su momento odiábamos las matemáticas y pensábamos que solamente las novelas explicaban el mundo. Con la edad nos hemos dado cuenta de que los números forman fabulosas alianzas que abren la mente y llegan directamente al corazón. Como dijo de él otro gran ubetense, Juan Pasquau, la obra de Gallego Díaz supone un “sutil enamoramiento de las fórmulas hieráticas, una maravillosa embriaguez de conquista, una épica aventura que introduce al álgebra en los misteriosos senos de la vida orgánica”. Qué pena que al cumplirse un siglo de su nacimiento todo sea simpleza y olvido.
Luis Foronda es funcionario