Fin de campaña

Buscad lo suficiente”, decía San Agustín, 'todo lo que pasa de ahí se convierte en agobio y apesadumbra en vez de levantar'. Mañana viernes acaba la enésima campaña electoral y la jornada de reflexión se convierte en jornada de alivio. Las campañas electorales han pasado de ser una expresión jubilosa a parecer una obligación penosa.

    22 mar 2012 / 12:15 H.

    Por eso a nadie le extraña que, pese a ser estas elecciones cruciales en la historia de Andalucía, haya sido una campaña electoral fofa, apática,  se haya visto a la gente poco motivada, cansada de discursos huecos, de recreaciones fingidas de la realidad. A estas alturas la gente conoce las medias verdades y las medias mentiras, sabe incluso qué se esconde en la mitad oscura, lee entre palabras, conoce los gestos y vaticina los resultados. Ni siquiera las pequeñas o las grandes escaramuzas de los últimos días, ni siquiera los pequeños o los grandes escándalos hacen mella en el personal que ya está de vuelta cuando los políticos creen que todavía van a algún sitio.  ¿Cuántos votos se ganan o se pierden por una campaña electoral? ¿Cuántas conciencias despierta? ¿Sirve realmente para algo? Durante todos estos años de democracia  la población se ha curtido, no sé si se ha hecho más sabia pero sí más resistente a los embates de la política. Ya no va, bandera en mano, detrás de sus líderes, arrobada por las promesas de futuro. Si exceptuamos a los incondicionales, la mayoría (eso que llamamos el pueblo llano), ya no mira a sus políticos con la devoción de los primeros años. La gente ya no vive impregnada del hálito público, hace tiempo que desconectó.  Los políticos dicen lo que sus acólitos quieren oír, solo encienden a los ya calcinados, solo convencen a los ya catequizados, solo convierten a los ya santos. Ni los mítines con toda su parafernalia, ni los periodistas ficticios de la TDT con sus baladros y sus invenciones, ni las pancartas, ni los carteles, movilizan a la gente. Sin embargo, habrá quien piense, con razón, que todavía hay gente que duda, que hay indecisos que caminan por la línea y que solo en el último momento se inclinan hacia uno de los lados. Puede pensarse que a éstos sí les influye la campaña electoral. Sinceramente creo que tampoco. A los que dudan les sobran los grandes mensajes, los inseguros necesitan certezas y las certezas solo se encuentran en la vida cotidiana. El indeciso se deja seducir más por la palabra del compañero de trabajo, la queja de la vecina, el desánimo del amigo, el llanto del hijo, el consuelo de la esposa o la demanda del marido. Esos mensajes verdaderos, esas señales que manan de la gente que vive pegada a la cruda realidad, son más efectivos que cualquier campaña. Son los que realmente deciden las elecciones. Son eso: lo suficiente.
    Luis Foronda es funcionario