Falta cambiar el chip
El paro ha bajado 31 personas en España el mes pasado de agosto. Habitualmente, en España, que fue el país del turismo y del sol, y muy especialmente en Andalucía, estos meses de verano eran las vacas gordas. Desde los años sesenta, el sueño de muchos adolescentes de clases humildes o pobres, en Jaén y en nuestros pueblos, pero por extensión en los pueblos de todas las provincias retrasadas de España, era irse a la costa a trabajar de camarero: largas jornadas laborales sirviendo mesas o fregando platos, ansiando propinas, noches interminables discotequeras, de locura y juventud, baños nocturnos en la playa, y ligar con suecas o alemanas despampanantes, mientras una rumba al estilo de Los Chichos —qué tendrá Marbella— sonaba de música de ambiente.
La recuperación es un fracaso, ya que un tercio de la población activa está al borde de la miseria, con menos de 400 euros, empleos precarios, y el desequilibrio emocional que ello conlleva. Estamos ya en la esquizofrenia. No se trata de trabajar a cualquier precio, sino de trabajar con dignidad. Sin embargo, hacia donde nos quiere llevar esta política económica es precisamente a eso, para que tengamos que aceptar cualquier cosa, para que dé igual si estás cualificado o no, porque te van a pagar lo mismo. Y a callar. Esta es la sociedad que quieren nuestros dirigentes, pero esta también es la sociedad que ha votado la mayoría de la población, y es lo verdaderamente preocupante. Hace falta cambiar el chip, o a la fuerza el chip nos cambiará a nosotros.
Juan Carlos Abril Escritor