10 may 2015 / 08:48 H.
La XVII edición de la Feria Internacional del Aceite de Oliva e Industrias Afines, Expoliva 2015, se cierra con un buen sabor de boca. Los datos de expositores, de visitantes e, incluso, esos valores intangibles de las impresiones y valoraciones a pie de moqueta dan una buena nota a una muestra que tiene como reto ser referente mundial. Pero para llegar a la excelencia que buena parte de empresarios jiennenses ya consiguieron, Expoliva necesita un nuevo impulso, en este caso político y organizativo. El recinto se queda pequeño y para tener aspiraciones grandes se requiere un lugar de primer nivel. En este caso, que un número de empresas se hayan quedado fuera por falta de espacio o porque, directamente, no querían mostrarse en el espacio exterior, debe replantear a la organización qué objetivos se deben cubrir para próximas ediciones. De igual modo, en una feria tan profesionalizada no es de recibo las largas colas para llegar al recinto y la lentitud en la tramitación de la visita. Las administraciones competentes deben coordinarse mejor para evitar una imagen que dista mucho de la calidad pretendida. Si se tiene que invertir en cambiar el trazado urbano o habilitar nuevos accesos de forma planificada ya se tarda para el futuro. También se requiere buscar más actividades que rompan la monotonía de actos y los relevantes, como la entrega de premios darles el necesario brillo. Los trece galardones que reconocen tanto la calidad como la originalidad de las propuestas requieren un acto que concite la atención de todo el sector y, lamentablemente, no es el caso. A pesar de la presencia institucional y política, este fin de fiesta requiere de mayor atención. La guinda, como el resto del pastel, también hay que cuidarla.