Europa...era la Champions
El mensaje, sin duda, caló. Análisis, datos, comparativas, interesantes y encendidos debates de los protagonistas, un mosaico de opiniones de expertos y el consabido despliegue mediático. Un par de semanas, en definitiva, en las que Europa centró el debate ciudadano.
Nos advirtieron de lo mucho que nos jugábamos y su discurso es tan creíble que todos entendimos que la Europa que más interesaba era... la de la Champions. Incluso Eurovisión motivó más a la tropa que estas vibrantes elecciones. La barba de Conchita Wurst, ganadora del Festival de Eurovisión, pensó Rajoy que era un buen augurio. La señal. La barba está de moda, vuelve el pelo, vuelve el hombre, o no. ¿Pero qué tipo de hombre? El gesto amable de mentón blanco de Arias Cañete se agrió en las declaraciones. La imagen azulona y edulcorada de la cartelería mostraba a un Chanquete con estudios, pero en la conversación le salió el pronto del abuelo de Heidy. Un grave error, que hizo girar la cabeza a la opinión pública para prestar atención al desatino. Duró un minuto y luego esta volvió a sus quehaceres. La campaña diseñada para mostrar las virtudes del candidato sobre su terreno (agricultura, ganadería, pesca...) se despeñó ante un micrófono en un exceso de confianza o superioridad imperdonable. Y Elena Valenciano agradeció el presente porque su campaña de plató y cristal con simpatizantes fijos era insulsa como ensalada sin sal. El volunto de Cañete animó el partido, y su postrero perdón dio minutaje para El Chiringuito político. Si Rajoy llega a intuir la desastrosa campaña, presenta a Cañete un cuarto de hora antes de abrir los colegios electorales. A Valenciano, “La chica de ayer”, le faltó llevar la iniciativa de la relación, controlar la pelota, confiar en la propuesta de un partido que requiere de mucho músculo para volver a competir en este y en los importantes compromisos venideros. Esto no se puede calificar ni de pachanga. ¿España?: “Zero points” o empate sin goles.