Europa en la encrucijada

A toro pasado, con los resultados de los comicios europeos sobre la mesa, este artículo no pretende la menor influencia sobre el voto del ciudadano, más bien reflexionar acerca de la coyuntura abierta y los difíciles caminos que abre hacia el futuro.
No ha resultado fácil en esta campaña inducir al voto a un electorado golpeado por la contundencia de la crisis. Desganado hasta límites que rozan las líneas rojas para una democracia. Cuando más de la mitad de los convocados “pasa” de acudir a las urnas, algo muy grave está sucediendo. El escepticismo y la negatividad hallaron el caldo de cultivo en el sufimiento de millones de ciudadanos. Por eso han calado los discursos populistas, también los puramente demagógicos (véase el caso de Grillo), coincidentes en el rechazo a esta construcción europea, y en apostar por una Europa diversa. Al cumplirse cien años del inicio de la Gran Guerra, constatamos los avances innegables: las fronteras han difuminado su perfil, se progresa hacia un mercado único, y los erasmus amplían el entendimiento entre las nuevas generaciones. Pe-ro también es indiscutible que el Parlamento recién elegido tendrá una capacidad de maniobra bastante limitada. El po-der real permanece atrapado en una gestión economicista, aparentemente neutral, pero dominada por el neoliberalismo y las políticas antisociales. Han levantado una Europa capaz de salvar a la banca más corrupta... al tiempo que se regatea el futuro a la juventud. ¿Qué otra cosa significan los 9 millones de jóvenes europeos con minijobs, o los dos millones de españoles mano sobre mano y sin apenas protección social? ¿Son conscientes los recién elegidos de la tragedia en que se debaten? Por eso no sorprende la masiva abstención. Ni que muchos miren de nuevo hacia la “Europa de las patrias” que defendía De Gaulle en los años 60. A mi juicio, la política de los Merkel, Draghi, Lagarde y compañía que-da muy lejos de una Europa donde democracia, cultura, instrucción, creatividad y solidaridad sean más que hermosas palabras. O retrocedemos al fervorín patriótico y xenófobo. Ahí está la encrucijada.

    27 may 2014 / 22:00 H.