Estupor y temblores
Es el título de una novela de Amélie Nothomb pero bien podrían ser los apellidos de este 2013. Es bien sabido que hay que ser optimistas y empezar por creer que cada vez estamos más cerca del final de este erial, eso dicen nuestros políticos, los mismos que se han encargado de apretarnos al máximo el cinturón y después querernos hacer ver que es por nuestro bien. Cuesta trabajo creérselo ¿para qué nos vamos a engañar? Rajoy vaticina un comienzo de año duro pero una segunda mitad, esa más alejada en el tiempo y la más difícil de contrastar, menos mala, mientras la mandamás europea, Ángela Merkel, sentencia un 2013 complejo y en crisis, al completo.
El año nuevo, que algunos estrenamos hoy laboralmente, viene ojeroso, con resaca acumulada y arrastrando los pies, valga la prosopopeya, y lejos de llenarnos de ilusión y nuevos proyectos, hemos sido muchos los que, seguramente, lo único que pedimos tras las doce campanadas fue que nos dejarán tal cual estamos.
Hablar de tasas de paro, de desahucios es cuanto menos para entrar en catatonia y si nos venimos a nuestro querido Jaén, nos encontramos con que coger un taxi o el autobús se nos ha encarecido un 2,4 por ciento, a lo que tendríamos que añadirle la subida de la luz y las venideras que haberlas, las hay. Eso sin pasar por alto el 40 por ciento de paro que estamos soportando. Respiremos con la profundidad que lo hicimos cuando vinimos al mundo, y avancemos con la confianza de que llegaremos hasta esa luz que se vislumbra al final del túnel.
Sonia Tirado
Relaciones Públicas