Esto ya lo he vivido antes

Parece ser que el hecho de que los seres humanos podamos reflexionar sobre lo que hacemos, reflexionar sobre lo que reflexionamos y hablarlo, ya que la lengua es el propio pensar, es lo que nos hace precisamente humanos, aunque animales y plantas posean su propio lenguaje para comunicarse en el amor o en el peligro. El lenguaje humano está considerado por los neurocientíficos como el sistema más complejo existente, por el cual surge la consciencia.

    27 jun 2014 / 22:00 H.

    Pero por mucho misterio que queramos darle al hecho, no quiere decir mucho, ya que el consciente solo conforma un cinco por ciento de lo que somos. El otro noventa y cinco por ciento está controlado por el inconsciente. Si el lenguaje es lo que hace posible la consciencia, toda reflexión no es posible sino por medio de la palabra, lo que no deja de ser cuando menos paradójico (y tramposo) ya que las leyes de la definición prohiben mencionar lo definido dentro de la definición; o sea, que no podemos hablar del lenguaje utilizando el  lenguaje. Y como el pensamiento es lenguaje, hablar de nuestros pensamientos supone entrar en el terreno de una sospecha que nos deja con el plumero al aire. La lengua, además, es un sistema de signos codificado, transmitido de generación en generación y vigilado desde el poder —que lo limpia, lo fija y le da esplendor— hacia abajo en la escala de formación educativa. Formar, educar, combatir la ignorancia, conquistar pueblos. Iglesia y Estado juntos para llevar la palabra, descodificar las creencias de los iletrados idólatras infieles con arcabuz y espada e insertar los nuevos códigos en los aterrados e indefensos cerebros. Algo así. Es decir, que la lengua se transmite y en ella van implantados los códigos de comportamiento. Platón ya se encargó en “La República” de eliminar toda herejía poética y convertir a los poetas —quienes exaltaban sin inhibición el espíritu de la naturaleza humana— en amanuenses del poder político y moral. La lengua nos llega pre-programada en la leche materna. Si reflexionamos un momento con la sinceridad que nos permita toda desconfianza, podemos llegar a la conclusión de que lo que pensamos y creemos pensar por nosotros mismos no es sino un dejà vu de la historia, que se reproduce constantemente en nuestros pensamientos y palabras. Si a esto añadimos la influencia de los medios de comunicación como manipuladores del pensamiento en beneficio de los intereses del poder, llegamos a la conclusión de que en vez de pensar, somos pensados. Esto es difícil de asumir, sobre todo porque se empeñan en convencernos de que pensamos por nosotros mismos, que somos personalísimamente únicos —por ejemplo a la hora de comprar un perfume o de votar— cuando en realidad estamos hechos para pensar y hablar a imagen y semejanza de un programa a cuya llave es casi imposible acceder para escapar. Mi psiquiatra me ha recomendado que no lleve tal estado paradójico de conciencia al extremo y que me relaje meditando sin pensar. Le he hecho caso y he grabado de Youtube el besamos a los nuevos reyes españoles comentado por 13 TV. La super emoción que siento al ver una y otra vez el momento, el único momento, en que los monarcas se inclinan y besan la mano de los representantes de la Iglesia católica, me inhibe de toda ansiedad. Siento que esa imagen ya la he vivido antes, lo cual me llena de una apacible nostalgia.