Esther Martínez: 'Lo peor de un atentado es el olvido que sufres después'

Es guardia civil y víctima de ETA. Mañana, Albanchez de Mágina le entrega el Premio Hachón 2013, que reconoce su defensa de valores como la paz, la libertad y la democracia, en un día tan especial como el 28-F .
—¿Qué supone para usted recibir un reconocimiento de su municipio natal?

    27 feb 2013 / 16:04 H.

    —Orgullo y alegría. Me quieren y me apoyan. Les estaré eternamente agradecida por el trato que me dieron cuando volví después del atentado. Había pasado casi dos años, bajé solo cuatro días y estaba muy asustada. Salía poco a la calle y siempre con el pelo suelto y la cabeza agachada. No quería que me reconocieran. No quería que me preguntaran por lo sucedido. Siempre se ha dicho que los vecinos de los pueblos son cotillas, pero en el mío no. Sentí todo su apoyo y cariño. Solo me preguntaban si estaba bien y me se sentían contentos de volver a verme por sus calles. Mi pueblo es el mejor del mundo.
    —¿Qué recuerda de su vida en Albanchez de Mágina?
    —La tranquilidad, la gente, el olor de las chimeneas en invierno. El alboroto de los niños en el parque y los juegos en las calles del pueblo hasta las tantas de la noche durante el verano. La noche de San Juan, en las que las chicas nos teníamos que ir pronto a casa porque los chicos se dedicaban durante toda la noche a poner flores, ramas de higuera, viñas y otras cosas en nuestros balcones. La matanza del invierno y las conservas que se hacían en familia en verano. Pero ya casi no queda nada de estas costumbres.
    —¿Qué es lo que más echa de menos de su pueblo?
    —La niñez que viví allí. 
    —¿Viaja a menudo a Albanchez?
    —La verdad es que no. Ahora solo bajo de 15 a 20 días en verano. Me gustaría estar más, pero los medios de transporte hacia Jaén son malísimos, tardan un montón de horas y hay muy malas combinaciones. Pero siempre me acuerdo de dónde procedo. Estoy muy orgullosa de ser pueblerina.
    —El galardón reconoce, al mismo tiempo, a todas las víctimas de ETA. ¿Qué siente?
    —Agradezco que se nos recuerde, pero siento tristeza porque las víctimas y familiares que pertenecemos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado estamos abandonados, somos los últimos de la fila. Cada día tenemos que luchar para que nos den lo que nos pertenece, no somos menos que los demás. Cuando te ocurre el atentado todo son buenas palabras, pero en cuanto sales del hospital tienes que buscarte la vida y sacarte las castañas del fuego. Me hicieron sufrir mucho e incluso la vida imposible, entre ellos un mando de la Comandancia de Álava, del que no quiero dar el nombre. No solo a mí, sino a los compañeros de Legutiano. Lo peor de un atentado no es el atentado en sí, que dura segundos, sino todo lo que viene después por parte de todas las instituciones, incluida la mía. Pero siempre hay una luz al final del túnel y la mía fue la Asociación Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, a la que tengo que agradecer todo su apoyo, ayuda y amistad.
    —¿Cree que ETA dejará, algún día, las armas?
    La entrevista completa en nuestra edición impresa.