Esperando al PSOE

Las sociedades europeas más avanzadas no serían imaginables sin la socialdemocracia, centrada en construir lo que llamamos Estado del Bienestar. En España, esta corriente de cambio social y transformador se asocia a los gobiernos de Felipe González, autores de políticas de igualdad y protección social nunca vistas hasta entonces: educación y sanidad públicas, mejora de las pensiones, protección a los desempleados. Con esa onda reformista quiso conectar Zapatero, tan de buena fe como abrupto final.

    13 nov 2013 / 18:29 H.

    Hoy el PP se lleva por delante buena parte de las leyes igualitarias y de apoyo a los dependientes, regatea las pensiones y reduce el poder adquisitivo de las clases media y baja. El gran titular de la asamblea socialista, “Vuelve el PSOE”, me provoca algunas interrogantes. ¿Significa el reconocimiento de que durante un período de tiempo el socialismo ha estado “ausente”, coincidiendo quizá con la segunda legislatura del líder leonés? ¿Desde qué ideología gobernaron este país los Solbes, Fernández de la Vega o González Sinde, por citar solo tres ejemplos? La cosa tiene miga, desde luego. ¿Puede volver algo diferente si quien encabeza el cartel para las próximas elecciones estuvo tan lejos del zapaterismo como Rubalcaba, Chacón o José Bono? Sería como cuadrar el círculo. Por cierto, ¿está el pueblo español esperando que regrese el PSOE de antes? Tengo mis dudas. La gente, los jóvenes sobre todo, necesita y reclama nuevas formas de hacer política: transparencia, atrevimiento, radicalidad, participación, una praxis para nada intercambiable con la de Rajoy, Montoro, Wert y compañía. La moderación, el titubeo y los miedos (a la Iglesia, un poner) son puro veneno electoral para el socialismo español, le restan credibilidad, si pretende de veras ser la alternativa de poder que ilusione a los millones de desencantados. Unas primarias abiertas a la sociedad, modélicas, con millones de votantes, se me antojan la única antesala posible para que la socialdemocracia recupere el poder y recomponga el desaguisado y la destrucción a la que asistimos. Entre el desconcierto, el cabreo y la desidia.

    Francisco Zaragoza es escritor