30 mar 2014 / 22:00 H.
Aunque las mujeres tampoco suelen hacerlo a solas, la verdad es que el refrán se refiere a los hombres: “Picha española nunca mea sola”. La cagada es distinto: es un acto individual, solitario (salvo en Sochi), íntimo. A no ser que quien la cague sea un político y, entonces, como en un apretón de envidia irreprimible, no tarda en cagarla otro sin dar tiempo siquiera a una necesaria e higiénica ventilación. Hay políticos que no la hacen limpia. Aterriza el presidente catalán, Artur Mas, en Madrid por la muerte de Suárez, y aprovecha la ocasión para descargar un inoportuno discurso llevándose el fiambre al ascua de sus intereses: “Suárez miró de cara, no dejó que los problemas fueran pasando. Se atrevió, se arriesgó y se quemó o lo quemaron. Hoy echamos a faltar sus valores y su arrojo” Y en vez de dejarlo solo con su peste para que todo el mundo sepa quién ha sido, le rivaliza apresuradamente el ministro ¡de Asuntos Exteriores!: “Suárez habría actuado de la misma forma que Rajoy”. Esto es como sufrir enormes ganas de mear y no echar gota. Tienen más delito que el mató la pava a besos.