27 may 2014 / 22:00 H.
Recién acaba de cantar el gallo un romance llamado hora en las claritas del día. El sol ha dado su primer bostezo y se ha quitado las legañas allá por Sierra Mágina la mágica. Amigos míos del alma querida: la vejez biológica es tempranera porque quiere aprovechar al máximo cada hora que le queda de su ya escaso y complicado tránsito por el camino de la vida. Porque son dos ramas inseparables del mismo árbol, van al cole abuelos y nietos. Abuelo: cógeme de la mano para ir juntitos al prado floreado de la inocencia y estaremos un ratito en su verde presencia. Abuela: cógeme de la mano para ir juntitos a donde vive todo el año la primavera y te cogeré rosas porque eres muy buena. Abuelo: dame un beso y estaré contento; dame dos y será mejor; dame tres y repite otra vez. Abuela: dame un beso, que yo te daré una docena; dame diez y de daré cien; dame mil y te daré los que tú quieras. La sirena del cole, no me gusta su estridente sonido, ha puesto en marcha las filas y los niños han entrado, gozos y traviesos, en las aulas del saber. Maestro y niño van a comenzar un diálogo atrayente y educativo. De ellos va a depender el futuro.