26 jun 2014 / 22:00 H.
Había una vez una etapa educativa llamada la EGB. Aún con 12 años seguías usando juguetes, pues para maquillarte y hacerte pasar por una de 18 y entrar en una discoteca, aún quedaban “muchos” años. No existían las Wii, ni las Xbox, etcétera. Tardes en las que al regresar del cole, te sentabas con tu bocadillo de nocilla o tus galletas rellenas de mantequilla y veías felizmente “Barrio Sésamo”. Y teníamos deberes, y exámenes, pero nuestros padres no nos apuntaban a todas las actividades extraescolares y academias habidas y por haber, sino que pasaban las tardes en nuestra compañía en casa, o en algún parque cercano donde potenciábamos al 100% la psicomotricidad y las relaciones sociales con otros niños, explotando al máximo el ocio y el tiempo libre. ¿Qué queda de esa EGB? ¡Nosotros! Amigos que recuerdan con mucha nostalgia aquellos dulces años, de los que hoy nos quedan grandes cimientos en forma de principios y valores. Las a veces criticadas Redes Sociales, nos ayudaron a contactar con los que por una larga época formaron parte de tu vida, y 16 ó 17 años después, allí estábamos entre risas abriendo nuestro cajón de los recuerdos, de la nostalgia, de aquellos momentos que nos marcaron, y porque no, aquellos maestros a los que éramos reticentes y que con los años agradecimos su dedicación y sus métodos de antaño que hoy con más madurez añoramos en la educación actual. Esas son las amistades que jamás deben olvidarse, porque pasen los años que pasen siguen intactas. ¡Gracias EGB!