En Torres fui Zenobia Camprubí
Pude ser María Teresa León, Concha Méndez, Rosalía de Castro, Josefina de la Torre, Alfonsina Storni, Dulce María Loynaz, Concepción Arenal, Gabriela Mistral, Ernestina de Champourcin o María Zambrano, pero
cuando Paco Damas repartió los papeles de su espectáculo “Mujeres de carne y verbo”, me tocó ser Zenobia Camprubí, más conocida por ser la mujer del premio Nobel de literatura Juan Ramón Jiménez. Una mujer apasionante, culta, plurilingüe, traductora y escritora, sobre todo activista del feminismo mucho antes de que la II República otorgara algunos derechos de las mujeres. Oculta e invisible no solo por el exilio tras el golpe de Estado franquista, sino por permanecer a la sombra de tan ilustre esposo. Me entristece saber que no es única, que miles de mujeres han permanecido invisibles y silenciadas por el machismo tanto de pareja como de la sociedad. Nunca le había puesto voz a una mujer que aunque oculta, está en la historia, pero siempre será mejor que portar una vela, una rosa y un nombre de una mujer asesinada por este terrorismo de género, esto sí lo he hecho muchos años y no me gustaría repetirlo.