15 jun 2014 / 22:00 H.
He tenido que pasar unos días hospitalizado en el “Ciudad de Jaén”, en la Sexta planta, neumología. No tengo palabras para agradecer a todo el personal del Complejo Hospitalario su trabajo diario, oculto, servicial, alegre y “rutinario”. He aprendido mucho viendo su tarea diaria, especialmente la de las enfermeras y auxiliares. Lo hago extensivo a todo este colectivo de cualquier hospital, porque es una auténtica vocación; sino, no se aguantaría. Aunque haya acompañantes y familiares para los pacientes, las enfermeras hacen un enorme papel de madres constantemente, a cualquier hora y con quién haga falta. He visto detalles preciosos por su parte, que me han conmovido. Con frecuencia las personas nos encerramos en nuestro caparazón, y nos olvidamos de los demás, o los tratamos con indiferencia. La sociedad actual necesita más que nunca esta actitud de servicio abnegado y alegre, y cada uno, desde nuestro sitio, podemos y debemos contribuir con este espíritu de pensar en los demás. Enhorabuena a las enfermeras y auxiliares.