El poder de la imaginación

Hace medio millón de años, posiblemente en tierras jiennenses, convivieron el Homo de Neandertal, y el Homo Sapiens. El primero, de origen Euro Asiático, con cuerpo robusto, estaba bien adaptado al frío extremo. El segundo, procedente de África, más pequeño, presentaba debilidades que le hacían más complicada su adaptación al clima.

    13 dic 2011 / 10:06 H.

    Sin embargo, fue el Sapiens quién sobrevivió quedando extinto el Neandertal. El factor que hizo sobrevivir al Sapiens fue la Imaginación. Capaz de dibujar y recrear las escenas de caza en las paredes de las cuevas, le permitió planear proyectos y concebir conceptos abstractos, que serían clave para su supervivencia. En la actualidad, en un mundo que vive cambios exponenciales, en el que los problemas de siempre requieren soluciones diferentes, la imaginación se presenta como el factor que nos ha de permitir esa supervivencia en las mejores condiciones posibles. Los niños quieren ser de mayores astronautas, futbolistas, princesas, o cantantes de música pop. Es la imaginación lo que les mueve a esas aspiraciones. En su adolescencia, cuando pasan por el sistema educativo, tanto el de sus casas como el de los colegios y universidad, a la pregunta “qué quieres ser de mayor”, muchos responden, “yo quiero ser funcionario“. ¿Cómo han cambiado tanto sus aspiraciones? ¿Dónde se pierde esa imaginación tan necesaria hoy día para afrontar los grandes retos que nos acosan? Esta maldita crisis durará tanto como tardemos en adaptar nuestro sistema educativo a los nuevos tiempos. Para ello es fundamental incorporar procesos de aprendizaje basados en el pensamiento más que en la memorización. En la Universidad muere la imaginación y nace la frustración a ritmo de dictados de apuntes y temas que se hallan fácilmente en internet. Resulta inquietante como para un alumno de ingeniería, la mayor parte de lo aprendido en primer curso, estará obsoleto cuando finalice sus estudios. La Escuela, el Instituto y la Universidad, han de contribuir a que el alumno afronte los problemas buscando soluciones a través del pensamiento mediante una base de razonamiento constructivo. Ante la incertidumbre que caracteriza nuestro entrono, las empresas requieren de esa imaginación que permita asumir conceptos en ocasiones abstractos. Se necesitan personas capaces de incorporar a los procesos sus aspiraciones más locas e imaginativas. Menos sabios y teóricos, y más pragmáticos e imaginativos, menos obedientes y más responsables, menos apasionados por los problemas, y más apasionados por las soluciones, menos personas con certezas y más personas con convicción, menos encerrados y más sedientos de ver mundo, menos hartos de tener y más buscadores del ser, menos tecnócratas estirados y más monitores entusiastas.
    Rafael Peralta es economista