El pez gordo se come al chico
El Partido Socialista de la capital escribe un nuevo capítulo en su rocambolesca trayectoria. Acostumbrado a tener un relato propio y fuera del marco de la dirección provincial, las dificultades económicas hacen girar el rumbo de una agrupación que fue la “república independiente” de su casa hasta que las deudas le hicieron perderla. Las dificultades económicas abocan a la segunda fuerza política de la ciudad a vivir de “okupa” en la casa palaciega de la calle Hurtado y a compartir mucho más que espacio físico con quienes llevan las riendas del partido en la provincia. La intervención económica y política en toda regla a la que se somete la dirección municipal arrastra también al grupo socialista en el Ayuntamiento.
El Partido Socialista de la capital escribe un nuevo capítulo en su rocambolesca trayectoria. Acostumbrado a tener un relato propio y fuera del marco de la dirección provincial, las dificultades económicas hacen girar el rumbo de una agrupación que fue la “república independiente” de su casa hasta que las deudas le hicieron perderla. Las dificultades económicas abocan a la segunda fuerza política de la ciudad a vivir de “okupa” en la casa palaciega de la calle Hurtado y a compartir mucho más que espacio físico con quienes llevan las riendas del partido en la provincia. La intervención económica y política en toda regla a la que se somete la dirección municipal arrastra también al grupo socialista en el Ayuntamiento. La historia empezó —para los no entendidos en el tema— cuando el PSOE de la capital dejó de percibir el dinero público que le pertenece y entró en bancarrota, hasta el punto de caer en una pirámide de impagos de la hipoteca de la Casa del Pueblo que estrenó, en octubre de 2005, en la calle Obispo Aguilar. Y, ante una insostenible situación, el partido mo- vió hilos desde Madrid para que la dirección provincial saliera al “rescate” de la local mediante un acuerdo bancario rubricado en un Viernes de Dolores. La primera consecuencia fue el cierre de la sede y su traslado a la “casa” de todos los socialistas jiennenses, la de la calle Hurtado, y la segunda, algo más intangible, está todavía por ver. Por el momento, resulta obvio que el rendimiento de cuentas es ya de obligado cumplimiento y hay quienes hablan, incluso, de arbitraje político.
La fotografía que protagonizó, la semana pasada, el líder de los socialistas jiennenses, Francisco Reyes, ha dado mucho que hablar. Fue la primera convocatoria de la agrupación municipal después del cierre de su sede. El secretario del PSOE local, Manuel Fernández Palomino, se reunió con los dos presidentes de las asociaciones de vecinos de Jaén, una cita que, habitualmente, suele organizar quien está al mando del partido en el Ayuntamiento, pero que fue encabezada por quien lo lidera en la provincia. Hubo quienes interpretaron ese “gesto” como el comienzo de una nueva etapa en la que Francisco Reyes tomará las riendas del PSOE de la capital, algo que queda muy lejos de la versión oficial: acudió por afinidad personal con los representantes vecinales.
Y ese “control directo” que, a partir de ahora, parece que tendrá la dirección municipal del partido por parte de la provincial empieza a tener su reflejo en el grupo socialista del Ayuntamiento. Unos hablan de la necesidad de estar coordinados y otros se ven intervenidos y con la espada detrás de las orejas. Lo que sí está claro es que Manuel Fernández Palomino quiere fortalecer una labor de oposición que es competencia exclusiva de María del Mar Shaw. Su misión es intentar unir y sumar esfuerzos para preparar el camino del PSOE hacia las urnas, un sendero que se presenta escarpado a tenor de las primarias que se esperan a la vuelta del verano y en las que está casi asegurada la presencia del exdelegado Rafael Valdivielso. Habrá que ver cómo acaba el cuento en el que el pez gordo se come al chico.
En corto
Respeto absoluto a las espantadas de Fernández
No hay nada mejor que mante- nerse años y años en el cargo para que no haya quien tenga las agallas suficientes para dar el merecido tirón de orejas. Esa es la mejor receta para ser indisciplinado —políticamente— y salir indemne del intento. Si no, que se lo digan al alcalde de Linares, Juan Fernández. Sus palabras hieren a quienes forman parte de las siglas bajo las que gobierna y, sin embargo, el respeto es absoluto. Lo que ocurre es que todo es de cara a la galería, porque en el seno interno del PSOE es conocido como el “talibán de los talibanes” e, incluso, están ya hartos de sus continuas espantadas contra su propio tejado.
Bloc de notas
-Era parlamentario y presidente provincial del PP cuando José Enrique Fernández de Moya acostumbraba a tomarse más de un café con el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, en el Parlamento de Andalucía. El afecto, en lo personal, siempre fue mutuo, más allá de las diferencias ideológicas obvias que existen entre ambos. Lo que ocurre es que esa afinidad queda tumbada cuando entra en escena la política. No es de recibo que dos personas que se ven en los pasillos de una institución pública, semana tras semana, tengan que recurrir a la guerra política para solicitar una reunión que, además, el alcalde pide siempre por carta.
-De todos es sabido que Mariano Rajoy tiene entre manos la remodelación de su equipo de Gobierno, sobre todo después de la caída en la valoración de la opinión pública en las encuestas. Y el temor en Jaén está en que en esa reforma salga perjudicado el jiennense Cristóbal Montoro, a quien se le espera con los brazos abiertos para la foto de cesión del Banco de España. ¿Llegará a tiempo?