El Opus Dei entre pobres y enfermos

Muchas personas, al ver el dinamismo apostólico actual del Opus Dei se preguntan por los orígenes, sienten curiosidad. El fundador era un sacerdote muy joven de 26 años sin experiencia, ni medios económicos, en un país que conocería, al cabo de muy pocos años una terrible y fratricida guerra civil. Aquellas carencias no le asustaron ni le inmovilizaron. Si el Opus Dei era un edificio de fines espirituales el fundador pensó que debía poner como cimientos unos materiales que dieran solidez; y esa solidez, en una institución espiritual, es siempre la oración y la penitencia. Fui a buscar fortaleza —explicaba San Josemaría— a los barrios más pobres de Madrid. Horas y horas por todos los lados, todos los días, a pie de una parte a otra, entre pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían nada de nada; entre niños con los mocos en la boca, sucios, pero niños, que quiere decir almas agradables a Dios. Atendía a centenares de enfermos en las famosas corralas madrileñas, casas de vecinos céntricas, donde se hermanaban promiscuamente la suciedad y el hacinamiento con la más triste de las miserias. San Josemaría consumió los mejores años de su juventud en aquellos callejones entre: el barro, el polvo y la lluvia.

 

    20 may 2014 / 22:00 H.