El obispo de Almería ve en las leyes del aborto 'síntomas' de una 'cultura de la muerte'

El obispo de Almería, Adolfo González Montes, trasladó hoy su  convencimiento de que la humanidad 'se llegará a arrepentir y  horrorizar' ante prácticas 'inhumanas y aberrantes' amparadas por las  leyes del aborto o de muerte digna y advirtió que éstas son  'síntomas' de la, a su juicio, 'cultura de la muerte que soportamos,  resultado de haber desfigurado la realidad de las cosas'.

    29 mar 2010 / 17:37 H.

    En una carta pastoral con motivo del inicio de la Semana Santa,  González Montes expresa la "gran inquietud, imposible de acallar" que  hace albergar en la Iglesia la aprobación reciente en la comunidad  autónoma andaluza de la denominada Ley de muerte digna que, según  asegura, presenta "riesgos patentes de ser utilizada para la práctica  de la eutanasia". Asegura, en esta línea, que la nueva legislación que "liberaliza  el aborto en todo el territorio nacional" hasta hacerlo "una práctica  libre, sin atención alguna al derecho fundamental a la vida" del que  va a nacer, "ahoga" la ley moral que Dios "ha dejado impresa en  nuestros corazones". "Los pingües beneficios que resultan de esta práctica abominable"  continúa en referencia a la interrupción del embarazo, y "los  beneficios que seguirá dando a las clínicas abortistas" no pueden  --ahonda-- "ser encubiertos disfrazando el aborto como supuesto  derecho de la mujer embarazada. 

    Al tiempo, el obispo almeriense advierte de que esta ley "en nada  ayudará" a las mujeres que decidan abortar, "acosadas por  circunstancias que el derecho positivo debería afrontar, para  protegerlas de una tentación a la cual las puede empujar la falta de  atención social y espiritual, de apoyo moral y económico para dar a  luz sin riesgo y con esperanza el hijo de sus entrañas". En su carta, González Montes señala como "preciso", asimismo, la  abolición de la pena de muerte que sigue siendo una práctica en  nuevos países y desgrana otros "síntomas de la cultura de la muerte"  en la sociedad como "la privación de libertad por motivos políticos,  ideológicos y religiosos, a veces hasta la tortura y la extenuación  de la vida por el acoso criminal de regímenes totalitarios, los  enfrentamientos raciales y los genocidios padecidos por poblaciones  enteras o la persecución que padecen los cristianos en algunos  países, provocando su huida al extranjero con la esperanza de  proseguir su vida". "El exiguo de crecimiento de la población autóctona en los países  occidentales, hasta ahora y todavía los de mayor bienestar a pesar de  la crisis financiera y económica que padecemos, es una alarma que ha  saltado hace décadas por el egoísmo y la manifiesta enemistad con la  vida" concluye mientras asegura "se ha perdido entre nosotros el  equilibrio que resulta de la sucesión de unas generaciones por otras,  al ritmo del nacimiento y crecimiento y maduración de la vida".
    (EUROPA PRESS)