El jurado busca un veredicto por el crimen de Sabiote

Desde las once de la mañana de hoy, seis hombres y tres mujeres se encerrarán en la sala de deliberaciones del Palacio de Justicia. Allí estarán hasta que alcancen un veredicto. Deberán decidir “sin odio ni afecto” —tal y como establece la fórmula legal— si el temporero gambiano Ebrima K. mató a puñaladas a su compañero de tajo, el senegalés Sambou Dembele, “en un alarde de sangre fría” o si, por el contrario, tan solo repelió un ataque previo de la víctima. Es decir, en legítima defensa: acabó con la vida de su rival para conservar la suya propia.

20 may 2015 / 08:32 H.

No tendrá una papeleta fácil el jurado popular en este caso. Ebrima K. no reconoce el crimen. En ningún momento lo ha hecho. El lunes, en la primera sesión del juicio, se presentó como una víctima: “Solo me defendí cuando vi a Sambou con el arma. Nunca cogí el cuchillo”, alegó, entonces. Una frase que, ayer, volvió a repetir cuando el presidente del tribunal, Pío Aguirre, le concedió el derecho que toda persona que se sienta en un banquillo tiene a pronunciar la última palabra.
Nadie vio lo que pasó en aquella habitación del piso en que residían acusado y víctima, una vivienda para temporeros ubicada en el número 8 de la calle Aniceto Utrera de Sabiote. En el inmueble, había un tercer inmigrante que, ante el jurado, contó lo que ya se sabía: que escuchó voces de pelea y, que cuando entró en el cuarto, encontró a Ebrima sujetando en el suelo a Sambou, que ya estaba gravemente herido. Y sin testigos directos de lo ocurrido, los que deben hablar son los expertos. Sin embargo, los forenses tampoco pudieron explicar cómo fue la mecánica del ataque. Los patólogos que hicieron la autopsia del fallecido tan solo aclararon que la herida era “ligeramente oblicua y descendente”, que perforó el pulmón y llegó hasta el corazón. Tenía casi 16 centímetros de profundidad: “Era mortal de necesidad”, dijeron. Una afirmación que, como se encargó de recordar el fiscal en su alegato final, desmonta la tesis de la legítima defensa esgrimida por el acusado: “Una herida tan profunda no se produce en un forcejeo”, aclaró el representante del Ministerio Público, quien también recordó otras heridas que el fallecido presentaba en la oreja y en el tórax.
“La versión del acusado no se sostiene por pura lógica”, remató el abogado que representa a la familia del fallecido en este pleito. El letrado calificó de “alarde de sangre fría” la actitud del acusado: “Primero, apuñaló por sorpresa a Sambou, después, se cortó en un brazo con otro cuchillo para simular un forcejeo y, por último, lavó las dos armas en el fregadero”, relató. Sin embargo, ningún forense ratificó la autolesión, ya que no se practicó prueba al respecto.
La defensa recordó, por último, que no existe nada en la causa contra su cliente. El jurado tiene la última palabra.