El hematíe y la democracia

Un glóbulo rojo, alias hematíe, iba circulando por la sangre cuando vio a un mastocito. Lo siguió pensando que tenía la distracción asegurada, porque este tenía fama de andar siempre en peleas y reacciones alérgicas. En efecto, a los pocos milímetros ya estaba el mastocito a tortazo limpio con un hapteno, pelín cobarde, pues los haptenos, al ser tan pequeños, siempre llaman a alguna proteína o a algún antibiótico mercenario para que lo salven de sus cuitas.

    02 dic 2013 / 11:38 H.

    Aquello estaba tomando muy mal cariz, pero el hematíe seguía observando, pensando que a él ni le iba ni le venía la disputa. Hasta que de repente, todo explotó. Por desgracia la onda expansiva lo alcanzó y, pobrecito mío, quedó hecho añicos sin más culpa que la de ser un mirón. Y es que el cuerpo humano siempre nos da lecciones. Mira que yo soy poco de implicarme, pero a veces, a los pasivos, a quienes nos quedamos mirando el televisor mientra otros salen a la calle a luchar, también nos estalla la falta de democracia en la cara. Y la indignación. Por ejemplo, al ver la normativa de represión que el Gobierno de España pretende imponernos para contener las protestas que sus políticas están produciendo en la sociedad: políticas como la reforma laboral, la reforma de las pensiones, el fin del sistema de la dependencia o políticas que eliminan el valor de lo público; de la sanidad pública y la educación pública. Para evitar protestas van a hacer explotar los derechos y las libertades que han hecho posible que tengamos voz: la libertad de expresión, de manifestación, de huelga, el derecho a la información, o el de reunión. Porque en una democracia no se tiene que pedir permiso para manifestarse, se tiene que notificar. En una democracia no se limita el derecho de huelga con una legislación de servicios mínimos que prácticamente impide ese derecho. En una democracia no se coarta la libertad de expresión con unas multas desorbitadas por grabar la actuación de un policía. Ni en una democracia se hace demagogia diciendo que se cierran radios y televisiones públicas por no cerrar hospitales. Y aunque yo quiera solo mirar, puede que la injusticia estalle a un palmo de mis narices.

    Sofía Casado es licenciada en Derecho