El frustrado sueño de una afición de diez


Los aficionados linarenses se dejaron la voz hasta el último minuto del partido confiados en la victoria, pero no pudo ser y la desolación inundó un estadio más azul y blanco que nunca. Casi 11.000 hinchas del Linares —800 acudieron desde Socuéllamos— vivieron en Linarejos un partido vibrante, intenso y, finalmente, triste. Fuera del campo esperaban otros miles a que ocurriese el milagro y la derrota en contra del Paquito Jiménez. Durante los 95 minutos que duró el partido, todo fue posible, pero el equipo fue incapaz de rematar el sueño. Linarejos se llenó de lágrimas. Las imágenes de aficionados abatidos por la decepción se sucedían en el interior de Linarejos y en el exterior. No había consuelo para tanto dolor y llanto.

23 jun 2014 / 22:00 H.


La afición del Linares volvió a demostrar que es única. El viejo campo de la Avenida Primero de Mayo presentó una de las mejores entradas de todas las eliminatorias, tanto de Tercera como de Segunda B, solo superado por clubes del potencial del Rácing de Santander y el Albacete. Incluso la asistencia de público fue mayor a la registrada hace dos semana en elEstadio Romano de Mérida (10.000 seguidores). Una nueva demostración de amor a unos colores que, sin embargo, no se tradujo en el ansiado regreso a la División de Bronce. Las entradas masivos ante el Terrassa (6.000 espectadores);Rayo Vallecano B (8.500) y Socuéllamos (11.000) forman ya parte de la historia de un club que nunca camina solo gracias a la fidelidad de toda una ciudad y de su comarca. La hinchada azulilla intentará, el próximo año, volver de nuevo a conquistar los campos contrarios y a llenar Linarejos. Por desgracia, la travesía en el desierto de Tercera División durará un año más, aunque será menos cruenta con una hinchada que siente como ninguna otra los colores de su club, a pesar de la crisis económica. Linares se merece dar el salto a otra categoría por tradición futbolística y, sobre todo, por su hinchada.