El Fandi y Juan Ortega, a hombros en una mala corrida en La Carolina

Plaza de toros de La Carolina
Ganadería: Se lidiaron seis toros de Apolinar Soriano, que estuvieron mal presentados. Algunos anovillados, astigordos como para rejones, tres con los pitones tremendamente escobillados y hubo un par de ellos que sangraron por los cuernos después de topar en el burladero. En general, sin fuerza, descastados y de mal juego. Se salvó el quinto, que estaba mejor hecho y aguantó algo más durante la corrida.
Toreros: El Cordobés, silencio y silencio.
El Fandi, silencio y dos orejas.
Juan Ortega, ovación y dos orejas.
Incidencias: Media plaza de entrada en la corrida de toros de la Feria de La Carolina organizada por Campo Bravo Espectáculos Taurinos. Fue una tarde calurosa. Al finalizar el festejo, El Fandi y Juan Ortega salieron a hombros por la puerta grande.

18 may 2015 / 10:49 H.


Hasta el quinto toro, lo más entretenido había sido escuchar la banda mientras que regaban el piso de plaza. La gente hacía palmas con una música típica de charanga al tiempo que dirigía al operario de la manguera. Algunos se levantaban y bailaban mientras que sacaba el hielo de las neveras para seguir con los “fresquitos”. “No más agua por ahí, qué lo encharcas”. Ahora, dejó la arena “de cine”. El primero ni se desplazó, ni se mantuvo en pie. El Cordobés por allí anduvo a media altura, de uno en uno y llegándole mucho a la cara hasta que se rajó. El toro empezó cayéndose y acabó echándose, que es parecido, pero no igual. Intentaron apuntillarlo después de tirarle del rabo (a un animal que se presupone que es una fiera) y ni eso. Al final, El Cordobés entró a matar, el toro se echó (era lo que quería) y se acabó. El Fandi encontró un segundo animal mejor hecho, pero terriblemente astigordo. Lo recibió de capote con un cóctel con muchas cosas, pero de poco sabor: verónicas, chicuelinas y revolera. Pasó por el caballo (porque lo dice el reglamento) y se fue a toriles a escarbar. En banderillas tampoco se arrancaba de largo, sino que había que ir a buscarlo. Tuvo genio y no bravura, embestida descompuesta y siempre se llevó a media altura. Nada de nada.
Juan Ortega recibió al tercero intentando cargar la suerte a la verónica. El toro arrastró varias veces las orejas por la arena y se le puso solo un par de banderillas antes de cambiar el tercio. Juan Ortega toreó en línea sin obligar al morlaco. Una vez se cayó y puso las cuatro patas hacia arriba. Le dio dos series templadas por la izquierda y cuatro manoletinas, que no llegaron al tendido. Y es que al público lo único que le daba miedo era el sol. El Cordobés se puso delante del cuarto, que tuvo más fuerza (y guasa). Nada a la verónica y con la derecha se lo sacó siempre para afuera. No se cruzó nunca para darle salida, que no es torear pero sí es más placentero para el que se pone delante (no estaba la cosa para enroscarlo en la cintura). Una vez, lo atropelló. Sin embargo, a la segunda sí que lo quiso coger. Entonces, El Cordobés arrió “las velas”, hizo el salto de la rana para que le hicieran unas cuantas palmas y cogió la espada. Lo pudo prender en dos ocasiones al entrar a matar.
El Fandi le cortó las dos orejas al quinto. Le puso las banderillas con los acordes de “Ay, campanera”, lo que dejaba claro que la tarde estaba condenada a acabar sin arte y contra las musas, pues nada se podía hacer. Y luego cogió la muleta y compuso una faena que fue un “bulle bulle” zapatillero propio de un currante del mundo del toreo que se afanó para levantar la tarde taurina. Pases variados, comunicativos y una gran estocada.
Y Juan Ortega, pues también cortó las dos orejas. Intentó torear y no pudo con muletazos de uno en uno y acabó pegándose un arrimón delante de un “ratoncito” estrechito de sienes. Y así acabó una tarde de muchos pases y casi ningún muletazo.