El duro camino para ser españoles
Fran Cano/Úbeda
Estación de Autobuses. Decenas de inmigrantes sin empleo. Land Rover que carga a unos pocos elegidos como si fuesen animales. Para trabajar duro. Sin derechos. Por suerte también existe la 'contrahistoria': asociaciones que ayudan a los extranjeros a encontrar empleo sin robarles su dignidad.
Estación de Autobuses. Decenas de inmigrantes sin empleo. Land Rover que carga a unos pocos elegidos como si fuesen animales. Para trabajar duro. Sin derechos. Por suerte también existe la 'contrahistoria': asociaciones que ayudan a los extranjeros a encontrar empleo sin robarles su dignidad.
Kantao Askandourou y Seyba Sissoko llegaron a Úbeda procedentes de Mali. Como no habían oído el castellano en su vida, advirtieron pronto que aprender el idioma era imprescindible para ser visibles en el mercado laboral. Sin dinero para pagar clases particulares, necesitaban la ayuda desinteresada de alguien. Entonces conocieron a Adama Tangara, compatriota residente en la ciudad desde 2007. Tangara miró a sus paisanos con los ojos de quien se ve a a sí mismo cinco años atrás: perdido, solo, escaso de todo menos de voluntad. En este tiempo su vida ha mejorado. Y ahora va a ayudarles a ellos y a cuantos vengan de fuera en idénticas circunstancias. “Anade”, les dijo a Askandourou y a Sisoko. “Ni idea”, pensaron ellos. Más tarde conocieron a Alonso Cano, presidente de la Asociación para el Desarrollo y la Integración de las Culturas y los Ciudadanos. También a Eva Marín, su mujer, coordinadora de cursos de castellano destinado a inmigrantes. Ya saben que Anade es un cómplice estupendo para ser, con el tiempo, españoles. “Les enseñamos cómo abrir una cartilla en el banco, qué es la Seguridad Social, dónde está el INEM. Y también los llevamos a actos culturales”, explica Marín, que señala la importancia de que dominen la lengua no solo para lograr empleo, sino para mantenerlo. “Solemos atender a personas que tienen contratos laborales. Quienes vienen a los cursos repiten cada año”, asegura. El Ayuntamiento de Úbeda proporciona a la ONG un aula donde se imparten las clases lingüísticas.
La voluntaria tiene palabras de elogio para los medios de la ciudad que, según ella, evitan que el estereotipo de inmigrante asociado a la criminalidad se expanda en el imaginario colectivo, una idea perniciosa para la sociedad.
Askandourou y Sissoko ya tienen DNI y trabajo. Cada vez dominan mejor el castellano. La prueba es la entrega de unos certificados acreditativos. Los reciben justo después de una jornada de recolecta de aceituna. Tras la foto, toca marcharse a Huelva. Espera la fresa. Pero están contentos. Ya conocen el duro camino que los llevó a ser españoles.