El descaro de las nínfulas

Nabokov las definió como nínfulas. Aquellas preadolescentes cándidas y descaradas, al mismo tiempo, ejemplificadas en un prototipo: Lolita. Aquellas niñas provocadoras que “encienden” a los hombres y que, cuales seres demoníacos, los llevan al abismo de la locura.

    28 nov 2014 / 09:27 H.

    Un estado de demencia siempre justificado por la brujilla a punto de ser mujer. Extraído del personaje más conocido del autor ruso, el concepto que se tiene de las chicas continua cuando se habla de machismo: el control por parte de ellos, y la sumisión, por ellas. Como reflejaron las múltiples informaciones sobre la celebración del día internacional contra la violencia de sexo, aún son muchas las jóvenes que consideran “normal” que su novio les vigile sus redes sociales, incluso, que tengan celos. No obstante, tengo la esperanza de que hay chicas que aprenden. Algunas, a base de palos, como les ocurrió a María José o a Virginia, dos jiennenses que dejaron pasar esos primeros síntomas, que tan caros les costaron, pero que lograron salir de la espiral de la violencia. Porque las nínfulas son solo eso, ficción.