El comienzo de otra nueva vida
Llegó el día más esperado. La noche fue agitada para él y para todos los que lo quieren. Antes de que la luna se escondiera, Javier Anguita Segura notó en su cara el aire de la calle y fue consciente de lo que significa la palabra libertad. Ahora empieza otra nueva vida, con la experiencia de haber estado entre rejas por errores del pasado.
A las siete y cuarto de la mañana dejó atrás muchas noches de insomnio y días sumido en la más absoluta tristeza. Poder tocar con sus manos a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos y a sus padres se había convertido en un sueño, un deseo al que se aferraba en forma de ilusión. Javier Anguita pudo, por fin, convertirlo en realidad. Su cara refleja ahora la felicidad que siente su alma, una alegría que será plena cuando nada ni nadie tenga que vigilarlo. El tercer grado lo devuelve a la sociedad, al trabajo y a la familia. Tendrá que dormir en la cárcel hasta que una pulsera telemática vigile sus pasos. Después, cuando cumpla los seis meses de aquella vieja condena, a finales de agosto, será un hombre libre.
Mientras tanto, la normalidad se empieza a imponer en su día a día. Sus tres hermanos, su mujer, algunos familiares más y unos cuantos amigos estuvieron presentes, en la puerta del Centro Penitenciario de Jaén, para acompañarlo en sus primeros pasos en la calle. Todos habían luchado juntos por conseguir el tercer grado, a través de una plataforma de recogida de firmas, en papel y por internet, mediante la que comprobaron que existe solidaridad en Jaén. Ni qué decir tiene que la primera en besarlo fue su esposa, Ana Lechuga, quien vivió los cincuenta y tres días en prisión con absoluta resignación y grandes dosis de fortaleza. Después hubo abrazos para todos, porque si de algo está necesitado Javier Anguita es del calor de su gente. Las cámaras del programa de Canal Sur, mediante el que consiguió un puesto de trabajo, y de Diario JAEN, que fue quien descubrió realmente la historia, inmortalizaron un momento trascendental para su vida. Nada más salir de prisión, la pareja acudió a su casa para ver a sus pequeños, que a punto estaban de despertar. Él, que tenía miedo de que Javier y Triana, de dos años, se hubieran olvidado de su padre, tuvo la sensación de que nunca se había marchado de su hogar. “Ha sido lo mejor. Los he vestido y los he llevado a la guardería como si nada hubiera pasado”, relata.
Después, Javier Anguita se trasladó directamente al polígono de Los Olivares para incorporarse a su nuevo empleo. En el taller de vehículos del Grupo Catena lo esperaban Iván Catena y sus compañeros. Todos lo recibieron con los brazos abiertos y lo ayudaron en sus primeras tareas como mecánico. En el receso de la mañana llamó por teléfono a su mujer. “Cuando descolgué y escuché su voz no me lo podía creer, no estoy acostumbrada a que me pueda llamar. Me dijo que ya había limpiado un coche y estaba aprendiendo a cambiar ruedas”, explica Ana Lechuga.
Atender a los medios de comunicación le llevó también su tiempo. El programa “Tiene arreglo” lo entrevistó en directo y su familia le tenía preparada para una sorpresa: el encuentro con sus padres. El momento estuvo lleno de emotividad. Ángeles Segura Liébanas y Francisco Anguita Morales no sabían cómo parar de abrazarlo. La hermana, María Ángeles, explica que el problema es que el padre no ha tenido la fortaleza de poder visitarlo durante su estancia en prisión. “No quería verlo detrás de un cristal, siempre dijo que era superior a sus fuerzas”, explica. Por lo tanto, la expectación estaba puesta en ver cuál era su reacción. Y el resultado fueron lágrimas y abrazos por doquier.
Terminada la primera parte de la jornada laboral, este jiennense, que disfrutó de su primer día de libertad vigilada, tuvo el “privilegio” de comer en su casa uno de sus manjares preferidos: pollo asado. Su esposa lo había preparado la noche anterior con sumo esmero: “Hasta la una y media de la mañana estuve en la cocina”. Después del almuerzo, Javier Anguita regresó al trabajo y, a las ocho y media de la tarde, volvió al Centro Penitenciario de Jaén para cumplir con su obligación.
Anguita Segura relató a este periódico cómo fue su estancia en la cárcel. “Al principio, muy mal, me tuvieron que poner un tratamiento farmacológico porque era incapaz de dormir”, explica con lágrimas en los ojos. No paraba de pensar en sus hijos. “Luego fue muy duro verlos a través de un cristal y no poder tocarlos. Se me partió el corazón”, subraya. Y añade en forma de anécdota: “La primera vez que sonó la sirena que anuncia el fin de las visitas se quedaron extrañados, pero la segunda vez me dijeron adiós con la mano. Es como si se lo hubieran aprendido, saben mucho”, matiza.
Después de lo vivido entre rejas, tiene palabras de agradecimiento para la psicóloga y la trabajadora social de la prisión: “Se han portado conmigo fenomenal y me han ayudado mucho”.
Javier Anguita dice adiós a una pesadilla. Ingresó en prisión el 21 de febrero por un delito menor que cometió hace casi siete años. Amenazó a su exnovia y, como tenía antecedentes por sus problemas con las drogas, fue condenado a seis meses de cárcel. Lo que ocurre es que consiguió que le suspendieran la pena a cambio de rehabilitarse. La verdad es que logró su desintoxicación, pero abandonó el tratamiento oficial y lo hizo por sus propios medios. Pero la Justicia es la Justicia y, pasados dos años, se revocó la suspensión de la pena por dejar Proyecto Hombre. Casado, con dos hijos y reinsertado en la sociedad, tuvo que entrar en prisión. Ahora empieza otra nueva vida.