El Club 63 cede sus instalaciones a la Asociación Provincial de Sordos
Esta es una historia de las que recuerdan que aún hay tiempo para la esperanza, aunque se vivan momentos difíciles. El Club 63 cedió sus instalaciones a la Asociación Provincial de Sordos de Jaén -Aprosoja- de manera gratuita. Se trata de un gesto solidario, que solo busca ayudar.
Son más de siete meses los que Aprosoja lleva ubicada en la Avenida Ejército Español y, desde entonces, se incrementó el número de socios.
Son más de siete meses los que Aprosoja lleva ubicada en la Avenida Ejército Español y, desde entonces, se incrementó el número de socios.
En la cesión se unieron dos circunstancias bien distintas. Por un lado, al Club 63 le sobraba espacio y, por el otro, Aprosoja estaba necesitada de más metros para desarrollar su actividad diaria. Como dos viejos amigos, decidieron compartir el lugar. José Ramón Izquierdo, presidente de Aprosoja, explica que el colectivo disfruta de toda la zona, excepto de tres habitaciones, que son para los socios del Club 63. “Hemos pasado de un local de 40 metros cuadrados a otro de 500. Para nosotros es una gran satisfacción, es como si nos hubiese tocado la lotería”, indica.
Aprosoja se creó en 1969 y cuenta con 220 socios activos, además de otros 80 socios colaboradores. En su nueva sede, tiene, entre otros, una sala de atención grupal para cursos, una sede de Andalucía Orienta e, incluso, una cafetería que está abierta a todo tipo de público. Precisamente, el acercamiento a a la sociedad es una de sus principales pretensiones.
Son muchos los logros que la comunidad sorda —en la provincia hay unas 7.000 personas con discapacidad auditiva— a lo largo de la historia ha conseguido, pero aún les queda mucho camino por recorrer. La comunicación es una de las principales barreras contra las que luchan en la actualidad. “Lo ideal sería que en cada institución pública o centro sanitario hubiese una persona que hablase Lenguaje de Signos para no tener que depender del intérprete”, reseña el presidente.
De la misma manera, el acceso al empleo es otra de las grandes batallas. “Las personas son más reacias a contratar a personas sordas. Hace falta más sensibilización. Hay que tener en cuenta que se les puede hablar más despacio o mirarles a los ojos. Algo parecido ocurre en la educación. Es necesario aumentar el nivel auditivo de las personas con discapacidad”, detalla José Ramón Izquierdo.
Aun así, Aprosoja afronta el futuro con optimismo porque sabe que son muchas las batallas ganadas y es consciente de que el reto es la normalización. Inmaculada Espinilla /Jaén