El bailaor Juan de Juan trae a 'Jazz entre Olivos' su espectáculo Orígenes

El bailaor sevillano trae a Jaén, a Jazz entre Olivos, esta noche, en La Carrera, su espectáculo Orígenes, un canto profundo al hermanamiento musical del flamenco, el jazz y la música cubana más genuina

    09 jul 2009 / 09:13 H.

    —¿De qué va su espectáculo?
    —Es un hermanamiento entre el flamenco, el jazz y lo cubano, que es la última pincelada que hacemos. El espectáculo va sobre palos flamencos hermanados con los sonidos del jazz. Para ello cuento con grandes músicos como son Jerry González a la trompeta; Alain Pérez, al bajo; David Zereduela, a la guitarra; Israel Suárez, a  la percusión, y Antonio Serrano, a la armónica. Todos esos sonidos están hechos desde la proximidad de la música negra con el flamenco. Es un sonido nuevo llevado al baile.
    —¿El baile corre a su cuenta?
    —Sí, bailo yo solo. El cante lo ponen Triana Heredia, Lola Molina y Antonio Núñez El Pulga.
    —¿Por qué titula a su espectáculo Orígenes?
    —Porque es una búsqueda de los orígenes de la música. Antiguamente se hacía con las palmas, los pies y la percusión. Luego, el flamenco, el jazz y el son cubano son músicas que nacieron en la misma época, en la segunda mitad del siglo XIX.  
    —¿Quién es el creador del espectáculo?
    —Esta es una idea que me surgió hace tiempo, en una bienal de flamenco que tuvo muy buena aceptación, tanto de público como de crítica, y esa idea la forjé para llevar al baile todas estas músicas, basadas en un concepto de improvisación.
    —Parece que el factor de la improvisación es fundamental en el jazz. ¿Hasta qué punto lo es también en el flamenco, un arte en el que todo está perfectamente medido con una precisión matemática?
    —El flamenco tiene mucho de improvisación, sobre todo en el baile. También en el baile del jazz, pues los afroamericanos bailaban el jazz zapateando. Tiene sus pautas, un orden, pero dentro de ellas surge la magia.
    —Entonces, si la improvisación tiene un papel tan importante, cada vez que representa su espectáculo se podría decir que buena parte de él es nueva.
    —Esa es la magia. Cada vez que subimos al escenario nacen cosas nuevas. Son músicos de mucha calidad, la máxima. En todo momento, hay un diálogo, una conversación continua. 
    —¿Por qué lo llama hermanamiento y no fusión?
    —Porque no es fusión. Es un hermanamiento, una conversación de músicas que en lo profundo tienen mucho que ver.
    —Debe ser como cuando dos personas extranjeras, que hablan idiomas muy diferentes, encuentran un vehículo de comunicación y se entienden perfectamente.
    —Ese es el lenguaje universal de la música. Y, en este caso, lo llevo al baile. Para ello he tenido que estudiar mucho todas esas músicas que nacen del dolor.
    Ignacio Frías / Jaén