El abuelo más vitalista de Frailes

Hay vida antes de la muerte. La historia de Custodio Garrido Cano, el vecino más longevo de Frailes, está hecha de sufrimiento, tragedia, amor y silencio. El protagonista encara la edad centenaria con la tranquilidad del que ha pasado por todos los estados de ánimo. No hay final que pueda asustarle.
Sale de su hogar con la ayuda de una muleta. Da un par de pasos al frente, tranquilo, espera al periodista.

    20 ago 2012 / 14:12 H.

    “Mucho gusto”, saluda Custodio Garrido. Entra en el comedor con un respeto más propio del visitante que del anfitrión. Parece feliz. “No sé qué voy a contarte”, expresa. Solo hace falta que tome asiento, que esté cómodo, como en su casa, para escuchar a la voz más anciana de Frailes.
    Nació el 10 de junio de 1913 en el mismo pueblo de la Sierra Sur donde aún vive. La carestía de la época le robó su infancia. “A los catorce años ya trabajaba con la yunta en el campo. Las bestias nos hacían sufrir mucho”, recuerda la génesis de su vínculo con el medio agrario, constante en sus 99 años de existencia. “El pasado 26 de mayo sufrí una lesión en la espalda. Estaba escardando unos árboles. Llevo cuatro meses parado. Y lo paso mal”, asegura. No es militante del sedentarismo. Por más que le arranquen algunas risas programas de copla, prefiere el aire de la calle y los paseos con su burra.
    Hombre de silencios, Garrido intentó formarse por la noche, tras ganarse el pan durante el día agachando la espalda. Fue en la escuela nocturna donde incubó un interés literario que creció con el tiempo. “Recomiendo a los jóvenes que lean”, dice.

    Fran Cano / Frailes
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