Doscientos veintinueve valdepeñeros marchan a la recogida de la uva
JUAN ANTONIO CABRERA /VALDEPEÑAS DE JAÉN
En el año 1962 comenzaron a vendimiar los primeros valdepeñeros, quienes hoy día acumulan cincuenta años al servicio de la misma estirpe familiar francesa. Necesidad o desahogo económico, estos jiennenses se vuelcan en la recogida de la uva. El último autobús con cincuenta y un valdepeñeros marchó ayer a la vendimia francesa. Un día antes lo hacían cuatro más con ciento setenta y ocho personas.
JUAN ANTONIO CABRERA /VALDEPEÑAS DE JAÉNEn el año 1962 comenzaron a vendimiar los primeros valdepeñeros, quienes hoy día acumulan cincuenta años al servicio de la misma estirpe familiar francesa. Necesidad o desahogo económico, estos jiennenses se vuelcan en la recogida de la uva. El último autobús con cincuenta y un valdepeñeros marchó ayer a la vendimia francesa. Un día antes lo hacían cuatro más con ciento setenta y ocho personas.
Los primeros vecinos que emigraban a la vendimia lo hacían a la ciudad francesa de Burdeos, a la Gran Puig la Coste en Cateau y a ducru Beaucalleau. Los ya fallecidos hermanos Pedro y Antonio Estepa fueros quienes comenzaron, y así prosiguieron durante quince años sin interrupción hasta que les siguió Francisco Prieto, que este año hace los treinta y cinco que tomó el testigo, con lo cual se cumplen cincuenta años de que estos jiennenses, año tras año, prestan sus trabajos en la misma empresa francesa.
La marcha de los temporeros cada año es un alivio para la economía de Valdepeñas de Jaén, que de los 4.000 habitantes que ronda, casi la mitad marcha a hacer trabajos de vendimia a La Mancha o a Francia y a la recogida de manzana. Los grupos que parten a los distintos lugares oscilan entre las diez y las doscientas cincuenta personas. Varios encargados llevan años en la organización de los temporeros que marchan, sobre todo, al país vecino de Francia. El grupo más numeroso que parte cada temporada es de doscientas veintinueve personas, compuesto en su mayoría por jóvenes estudiantes que marchan una temporada de quince días de trabajo y que suelen ganar alrededor de mil doscientos euros por persona. Las buenas experiencias de los vecinos año tras año hacen que se repita cada vendimia con la misma empresa agrícola, ya que entre los trabajadores se habla del buen trato, suculenta comida y adecuado alojamiento, en un lugar destacado por sus paisajes. Un ambiente de trabajo y de amistad envidiable hace que los asistentes marchen contentos cada temporada. Este año, de los más de dos centenares que partieron, la proporción de jóvenes universitarios que vendimian es de un setenta por ciento. El fin es obtener ingresos que les ayuden a sufragar parte de los muchos gastos que se originan a lo largo del curso, como son matriculación, alquiler de piso, manutención o los correspondientes a los viajes, entre otros.
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