Dos caminos y un destino

Es el otoño la época templada del calendario, en lo atmosférico se supone y siempre que el cambio climático lo permita, en el resto de órdenes mundanos es un frenesí de tareas pendientes e ilusos proyectos de cambio que se repiten cada año con más intención que empeño. En política, sin embargo, suele ser temporada alta, sobre todo, si a la vista se divisan ciclones de huelga general o, en lo local,  tormentosas elecciones municipales a la vuelta del tranvía. 

    07 sep 2010 / 10:56 H.

    Pero siendo época propicia para estrenos, la capital no tendrá cambios significativos de cartel para los próximos comicios.   Carmen Peñalver y J osé Enrique Fernández de Moya acaparan los focos y llegan con sus huestes unidas, con lo que evitan, en la mayoría de las ocasiones, espectáculos nada edificantes con sus luchas intestinas. La travesía en el desierto, con primarias incluidas, y el elixir del poder permiten que en el PSOE reine una armonía familiar con matriarcado ganado en las urnas y asistido por un primo lejano en horas bajas (IU). La beligerancia de antiguos clanes queda en suspenso hasta peor ocasión. En la nave del PP, el mando de Fernández de Moya fue refrendado, avalado y exigido por Javier Arenas para abortar motines esperados, mientras se digería el paso a la oposición. Destierros en el Senado ( Sánchez de Alcázar) y caídas en desgracia ( Solar) al margen, los supervivientes en correosa amalgama permanecen unidos con el poderoso reclamo de una victoria que dan por hecha. Vieja guardia y nuevas generaciones, antes tildadas de “niñatos”, en equilibrio orgánico.    
     Mientras IU dirime qué quiere ser de mayor, entra en escena la Unión, Progreso y Democracia (UPyD), cuyo coordinador local, José Luis Negrillo, antiguo militante socialista, pretende convertir a su partido en apreciada salsa que da el toque a cualquier plato. Si la legión de descontentos crece, más pronto que tarde, darán un susto en la provincia. Pronóstico de cabañuelista político.  

    Cita pospuesta. Agosto fue un lejano paréntesis con el que posponer una reunión de agravio con el socio de gobierno. Carmen Peñalver, recién proclamada candidata, afronta esta semana el encuentro pendiente con José Luis Cano, en el que, aparte de pedirle lealtad para “rematar” el plan político, también le exigirá guardar las formas, como esas parejas que son capaces de escenificar que todo va bien. La confianza está rota desde el traumático pleno urbanístico-colateral, pero si no se produjo la ruptura entonces, difícilmente se romperá el pacto ahora que el equipo de Gobierno tiene que aprobar sus presupuestos y vislumbrar si otras operaciones de tesorería son posibles. Pero insondables son los caminos de Izquierda Unida a la que no le viene mal, en términos de votos, distanciarse lo máximo posible del PSOE, aunque en el camino sacrifique la imagen de un Cano en retiro y con voto de silencio. La estadística electoral constata que tras los pactos, el pez grande acaba tragándose al chico, salvo que este, con maniobras de distracción, mantenga apoyos.
     
    (De la sección en papel, 40º grados)