Doce kilos de azúcar

Deberíamos no guardar nada para luego. Mi abuela guardaba en el arcón de las mantas, doce kilos de azúcar por si había otra guerra civil. No hubiera estado mal gastar tanta dulzura escondida. La vida lo hace.

    30 dic 2013 / 08:07 H.

    Esta mañana, sin ir más lejos, el naranjo que hay en la puerta de mi casa me ha soltado un saludo ojeroso, el aire me ha plantado un par de besos fríos en la cara y una pareja de pájaros de plumaje raro ha bailado delante de mí una especie de remolino acrobático, suficiente para encarar la el día con una sonrisa boba. Creo que deberíamos estar más atentos a lo que nos rodea, sobre todo porque el aislamiento crea arrogancia y malasangre. Baste mirar lo que pasó hace unos días en el Congreso de los Diputados, cuando todos los grupos parlamentarios, menos el del Gobierno, presentaron una proposición de ley para algo tan humanamente entendible como prohibir los cortes del suministro básico de luz, gas o agua por impago en los hogares con dificultades económicas durante los meses de invierno. Pero parece que no; que los pobres y sus hijos, al llegar la tarde, deberán quedarse a oscuras y quitarse el frío echándose mantas encima. Desde luego, hay cosas que duelen pero son éticamente soportables, incluso vienen bien para aprender por medio del palo y la zanahoria. Pero hay otras cosas que además de doler son moralmente inasumibles y para colmo, son injustas y obscenas. A mí, al menos, me parece obsceno que una semana más tarde de esta negativa gubernamental a que los pobres tengan luz, el lobby de las eléctricas, que sólo en 2012 ganó 6.300 millones limpios, nos ilumine con el ‘tarifazo’ y los españoles pasemos a pagar la electricidad más cara de toda Europa. Disculpen la palabrota, pero ¿cómo era aquello que dijo Andrea, la hija de Carlos Fabra?... ¡Que se jodan! en este caso, solo los pobres, claro. Lo único que a mí me pasa es que a estas alturas no quiero que se me contagie la mala sangre, porque he descubierto que no solo la enfermedad es contagiosa. Así que en cuanto acabe de escribir estas letras, me voy corriendo a sacar un kilo de azúcar del arcón de las mantas; las de los fríos inviernos sin luz eléctrica.
    Sofía Casado es licenciada en Derecho