Diego Aceituno pregona la romería de Valdepeñas

Juan Antonio Cabrera /Valdepeñas
Diego Aceituno Valderas pronunció el XXIV Pregón de Romería del Santísimo Cristo de Chircales en la Casa de la Cultura de Valdepeñas, que se quedó pequeña para albergar a cuantas personas del municipio y de fuera quisieron escuchar el discurso. La hermana mayor de la cofradía, Manuela Armenteros Valdivia, abrió el acto con el agradecimiento al Cristo por haber dado lugar a que ocupe la presidencia de la cofradía y, además, dio la bienvenida 'oficial' al público.

    29 abr 2013 / 09:16 H.

    Diego Aceituno fue presentado por la pregonera del año pasado, Manuela Rosa Jaenes, jefa de sección de Diario JAEN, quien supo describir muy bien la figura del responsable de dar el discurso que sirve de prólogo para la romería, ya que hizo una gran introducción para conocer a Diego Aceituno, un valdepeñero que, aunque está afincado en Valencia, no ha perdido el contacto con su pueblo natal.
    El pregonero, ingeniero técnico, es un empresario que en los años setenta se abrió camino en la ciudad levantina, donde fundó su empresa, que aun en tiempos de crisis sigue marchando. Aceituno recordó que nunca perdió el contacto ni con su pueblo ni con el Cristo de Chircales, al que visita en su ermita siempre que acude a Valdepeñas. Con su alocución supo llegar al corazón de sus paisanos y puso de manifiesto su infancia feliz y su adolescencia, sus años de estudiante —que alternaba con la ayuda a su padre en las faenas agrícolas— y recordó su paso por el grupo Los Crisant, que fueron un revulsivo musical en la década de los 70 del siglo pasado. Asimismo, también evocó a su padre, tristemente desaparecido, y tuvo palabras de amor para su madre, afectada de una demencia senil, al tiempo que agradeció a su familia —su esposa, hijo e hijas y nietos estuvieron presentes en el acto—, momento en el que le brotaron lágrimas de emoción. Más tarde, afirmó: “Pidamos juntos al Cristo de Chircales la recuperación de valores que en los últimos años se han perdido. Reflexionemos sobre qué sociedad les vamos a dejar a nuestros hijos. No perdamos nunca la fe y la esperanza en nuestro Señor”.
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